De las tumbas de Fidel Castro y los entierros del periodismo

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Ceremonia en el Cementerio de Santa Ifigenia el 24 de febrero.

Por Miguel Fernández Díaz

Este cementerio no es cualquiera cosa,
pues las lápidas del fondo son de mármol rosa
Mecano, No es serio este cementerio

Las recientes apariciones de Fidel Castro, en fotos con un dirigente estudiantil y los cinco espías de la Red Avispa, han aplacado un tanto las versiones funerarias sobre el destinos de sus restos cuando, finalmente, llegue la hora  de su muerte verdadera.
Al menos por un tiempo, después del capítulo de enero sobre su tumba sin sosiego en el Cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, sometido a un remozamiento general desde el pasado año.
El Nuevo Herald de Miami mandó periodistas encubiertos para que reportaran con sigilo sobre las obras de remodelación en Santa Ifigenia y sus alrededores. Tales obras en Santiago de Cuba traen su causa de la conmemoración de otro aniversario redondo de la muerte de José Martí, pero el reportaje “Secretos, rumores y la tumba de Fidel Castro” (enero 30 del 2015) se publicó con etiqueta de exclusivo y aura de enfocar a “Cuba desde adentro”.
No hubo otra exclusividad que ver a Cuba desde fuera con el aura astigmática de quienes todavía se obsesionan con la muerte de Castro. El reportero encubierto se tragó incluso la guayaba antinómica de un empleado del cementerio: “Aquí estarán los restos del Fidel, pero todo eso todavía es secreto”, es decir: un secreto que ya no lo era por haberse revelado. La otra fuente fue un bicitaxista despistado, que justificó aquello con que Fidel era santiaguero.
Rumores de invierno
Desde el 8 de enero circulaba por la globosfera que estaba prohibido el paso por la zona donde “supuestamente” se ubicaría la tumba de Castro, “delante de unos nichos de mármol rosado y casi al lado del monumento a Martí”. El reportaje heráldico vino a remachar con que así se consumaría “el último gran gesto que inscriba al Comandante para siempre en la historia de Cuba”, como si a tal efecto hiciera falta un mausoleo.
Siendo la muerte imprevisible, el mausoleo de Fidel Castro debía estar preparado desde hace buen rato, porque jamás se levantaría de corre-corre. Y es aun más plausible que Castro haya dado la orden de ser incinerado y esparcir las cenizas en la Sierra Maestra, para escapar así “del frío y silencioso mármol”, como él mismo aseveró el 21 de enero de 2008 en reflexión sobre la muerte de Iris Dávila, madre del malogrado vicepresidente Carlos Lage.
Sin embargo, en la radio, la internet y las redes sociales circuló alegremente que Castro iba a ser enterrado cerca de la tumba de Martí y delante de unos mármoles rosaditos. El Partido Cuba Independiente y Democrática (CID) precisó -y Radio Mambí voceó el 18 de enero- que la tumba de Fidel se había diseñado “en forma de arco [y] cubierta de mármol rosado”. El Herald vino a ponerle la tapa al pomo de la desinformación arriesgándose a mandar a Cuba, con disfraz de turista, un reportero para que abundara en el disparate funerario.
Pero nadie se tomó el trabajo de ir a la propia prensa de Santiago de Cuba, que desde comienzos de noviembre venía reportando sobre las obras realizadas allí desde septiembre, en las que participaban escultores y restauradores del Fondo Cubano de Bienes Culturales de la provincia de Granma, junto a un equipo de la Oficina del Conservador de la Ciudad. El plan de rehabilitación integral del cementerio tenía como génesis el Mausoleo a José Martí.
Todo periodismo es de fuente
Una de las reglas del viejo decálogo (ca. 1961) del periodista francés Phillippe Temporel para reporteros en el extranjero prescribe que “ninguna forma de muerte de persona importante puede coger[los] desprevenido[s]”. Como al parecer ninguno  de los medios exiliares ni la globosfera tienen fuente dentro de Punto Cero ni cerca de Castro, alteran esta regla profesional desfogándose en secretos a voces y rumores al garete, incluso a partir de indicios irracionales.
Desengañémonos: ni los medios ni la globosfera se enteraron de la crisis intestinal de Fidel Castro. Ni siquiera de la inseminación artificial de la agente Bonsái con el semen de Giro, el jefe encarcelado de la Red Avispa. Jamás se enterarán, antes de la nota oficial, de que Fidel Castro murió.
Como este no daba fe visual de vida desde el 8 de enero de 2014, al inaugurar Kcho su estudio de arte en el barrio Romerillo (Playa), los voceadores de circo se lanzaron a especular para quedar desacreditados por enésima vez, sin haberse avergonzado ninguna, por otra ocurrencia de Castro: autorizar a que salieran, el 2 de febrero, las fotos de su encuentro en Punto Cero, el 23 de enero, con el presidente de la FEU de la Universidad de La Habana, Randy Perdomo.
El Nuevo Herald había tachado ya hasta de “presunta carta” los comentarios de Castro sobre las negociaciones Cuba-EEUU, publicados el 26 de enero, aunque decía reportar desde Cuba y desde adentro. Quedó claro que estaba fuera del contexto cubano, al irse con la bola de que Castro no salía en imagen porque había muerto y el gobierno guardaba silencio (¡?).
Matando la información
Y así llegó el 24 de febrero y Santa Ifigenia descubrió el manto tendido en torno a su restauración.
Al conmemorarse el aniversario 120 del reinicio de las luchas independentistas contra el coloniaje español, el homenaje de las Fuerzas Armadas en el mausoleo de José Martí estuvo presidido por ofrendas florales de Fidel y Raúl Castro.
Al parecer los movimientos constructivos y las reparaciones de carreteras aledañas tenían que ver también con el homenaje por el aniversario 141 de la caída en combate de Carlos Manuel de Céspedes, lo que motivó otro acto con honores militares y participación popular.
Pero en estas ocasiones nadie se acordó de mencionar que las reparaciones de Santa Ifigenia estaban terminadas, ni de las celebraciones que ocurrían en torno a la presunta  «tumba rosadita» de Fidel Castro.
Curiosamente, ninguno de los medios interesados en los posibles destinos funerarios de Castro ha hecho notar sobre las labores emprendidas en la Comandancia General del Ejercito Rebelde en La Plata,  sometida a un proceso de restauración que se extenderá hasta el 2016.
Cómo, por qué y para qué el gobierno de Cuba embarajaría la muerte de Fidel Castro da pie a otras tantas explicaciones alucinantes que demuestran cómo el anciano líder, en su avance inexorable hacia la muerte, ha conseguido que quienes viven obsesionados con ella vayan matando entretanto no solo la información -datos que reducen la incertidumbre y aumentan el conocimiento- como clave del ejercicio del periodismo. También vienen matando al sentido común.

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