La producción de alimentos en Cuba tuvo un año espléndido durante el 2010… al menos si el balance se conforma utilizando el menú de la prensa oficial.
Cuando se escuchan las angustias económicas cubanas en el propio discurso oficial, y se confirman las apuradas gestiones de Alimport para comprar a última hora toneladas de frijoles y arroz y compensar así los baches de la escuálida canasta familiar, uno tiene que concluir que el periodismo cubano pertenece a otra galaxia. No hay manera de explicar el desabastecimiento nacional con los reportes que sistemáticamente leímos -y algunos creímos- durante los últimos 365 días acerca de la producción de alimentos en la isla.
Sería bueno empezar a pasar inventario sobre los ríos de leche que la prensa cubana anunció. Por ejemplo, los ganaderos de Ciego de Avila saludaban el 26 de julio con más de ocho millones de litros de leche, aumentando por entonces la disponibilidad de entrega de unos 67,000 litros diarios.
La fábrica de queso del combinado Lácteo de Morón aseguraba por esa fecha que estaba produciendo 400 kilogramos entre todas las variedades de queso y una cifra récord de nueve toneladas por mes.
Fue sin dudas un año de mucha leche y productos lácteos en los periódicos. En agosto, se anunciaba también en Ciego de Avila un nivel de acopio y comercialización «sin precedentes», con la promesa de que el territorio se proponía producir 17 millones para contribuir a disminuir importaciones.
Para que no quedaran dudas de la eficiencia láctea en la cuenca camagüeyana, hace pocos días se comunicó que los campesinos habían duplicado la entrega de leche de vaca desde el 2007.
Hoy nos enteramos que Villaclara rompió el récord en venta de leche al Estado, con 49 millones de litros.
Pero en el país no sólo aumentó la distribución de leche de vaca, sino también la de leche de chiva.
Y en Sancti Spíritus los trabajadores avícolas sobrepasaron desde septiembre el plan de producción de huevos, con más de 5.7 millones de unidades, al tiempo que los dirigentes del sector aseguraban que iban a producirse 73 millones de huevos.
El cultivo del arroz se alcanzaba una superproducción en San Nicolás de Bari, al sur de La Habana, y se expandía por los campos de Las Tunas.
Era asimismo un año fructífero para debatir sobre la producción frutícola: se anunciaba el nacimiento de una mandarina genéticamente superior en Jagüey Grande, provincia de Matanzas, y se aseguraba que había condiciones para garantizar la fruta bomba (papaya) todo el año.
Una sola cooperativa de Martí, en Matanzas, lograba la hazaña de acopiar 2,500 toneladas de malanga, yuca, boniato y plátano.
Sobre la cosecha de yuca se informaban además espectaculares avances casi al finalizar el año.
Tres variedades de frijol Carita se introdujeron en todo el país y se registró un prometedor rendimiento de 1.5 toneladas por hectárea en Villaclara, mientras el frijol Caupí experimentaba un alza productiva de 400 toneladas en Cienfuegos.
Los toros de ceba «se acrecentaron» en Ciego de Avila y Cienfuegos lograba récord de producción de ganado menor, con el acopio de 663 toneladas de carne de ovino, caprino y conejos.
Como si todo esto fuera poco, aumentó la fabricación de alimentos en conserva.
Lástima que, al parecer, la gente no se enteró de esta abultada oferta de comida mediática.