Injusticia beisbolera: Martín Dihigo sigue sin fama en Venezuela

¿Merece o no Martín Dihigo ingresar al Salón de la Fama del Béisbol Venezolano? La pregunta queda en el lado venezolano, considerando su desempeño brillante como jugador y mánager en la pelota de ese país.

Por Gilberto Dihigo

El 8 de agosto de 1977, Martín Dihigo fue exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown como lanzador. Fue un jugador de cinco herramientas, con el mérito de ser la única persona promovida a los Hall of Fame de Cuba, México, Béisbol Latino, Salón de la Fama del Palmar de Junco, Salón de la Fama del Museo de la Herencia Hispana y al salón de la fama del museo de Buck Leonard.

Durante muchos años, diversos cronistas e historiadores —me incluyo entre ellos— escribimos sin reparos que Martín Dihigo formaba parte también del Salón de la Fama del Béisbol Venezolano. La afirmación parecía lógica: el cubano fue sin duda uno de los peloteros que elevó el nivel del béisbol en Venezuela, por la calidad indiscutible que mostró en los estadios y que fue celebrada por los aficionados de ese país.

En mi etapa como corresponsal del periódico El Nacional, uno de los diarios de referencia en Venezuela, visité Caracas en varias ocasiones y allí, numerosos seguidores del béisbol —ya peinando canas— y periodistas especializados no escatimaban elogios para “El Inmortal”. Todos recordaban su paso por el mítico equipo Concordia, conjunto que sembró, de alguna manera, las semillas de las futuras Series del Caribe. La novena del coronel Gonzalo Gómez, hijo del entonces presidente Juan Vicente Gómez, fue el primer equipo venezolano que salió al exterior a jugar béisbol… y no solo eso: vencía sin contemplaciones a escuadras de Puerto Rico, República Dominicana y Estados Unidos.

Martín Dihigo jugó tres años y medio en Venezuela, y dejó números brillantes. Un artículo minucioso del historiador venezolano Miguel Dupouy Gómez —disponible en Internet— narra año por año la trayectoria de Dihigo en esa nación.

Martín Dihigo (centro), flanquedo por los jugadores venezolanos Balbino Inojosa (izq.) y Alejando «Patón» Carrasquel, en el Concordia. Foto: Cortesía Archivo Hnos. Dupouy Gómez.

En ese artículo, Dupouy confirma lo que hoy vengo a aclarar: “Lamentablemente, ha sido una gran injusticia que este gran pelotero cubano no haya sido exaltado aún al Salón de la Fama del Béisbol en Venezuela. Deseo, que algún día, Martín Dihigo sea incluido al Templo de los Inmortales de mi país, porque indudablemente tuvo sobrados méritos para ello. Su actuación en nuestra tierra y representando a Venezuela en el exterior fue muy destacada y relevante para el progreso y desarrollo de nuestro béisbol. Y eso, creo yo, es indiscutible.”

Pues sí: es un hecho. Martín Dihigo no está en el Salón de la Fama del Béisbol Venezolano. Y el error de haberlo incluido erróneamente en algunas publicaciones —incluyendo textos míos— debe hacernos reflexionar a quienes nos dedicamos a escribir sobre historia deportiva. No se debe repetir ni asumir ningún dato sin una verificación rigurosa, por muy prestigioso que sea el libro o el autor.

Yo mismo he comprobado lo fácil que es propagar errores: hay publicaciones que ubican el nacimiento de mi padre en 1905, cuando nació en realidad en 1906. Otras dicen que nació en Cruces, Cienfuegos, cuando ocurrió en el ingenio Jesús María, cerca de Limonar, en Matanzas. El libro The Biographical Encyclopedia of the Negro Baseball Leagues incluso afirma que fue nombrado Ministro de Deportes en Cuba, algo completamente falso: lo único que se le encomendó fue organizar la Liga Azucarera. De hecho, no fue hasta 2005 que el gobierno cubano nombró a un afrodescendiente al frente del Instituto Nacional de Deportes (INDER), cuando Cristian Jiménez asumió ese cargo por primera vez.

Tampoco es cierto, como asegura otro libro oficialista sobre su vida, que su retiro se debiera al desgaste físico del profesionalismo. La verdad —cruda pero documentada— es que Dihigo fue apartado del escenario nacional por el propio gobierno cubano, que no le perdonó su franqueza y rebeldía. El propio Carlos Rafael Rodríguez, ex vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros de Cuba, lo admitió en Mi padre, El Inmortal: Dihigo fue marginado deliberadamente por el régimen.

Hoy, con honestidad, reconozco y corrijo el error de haberlo mencionado como parte del Salón de la Fama en Venezuela. No lo está. Dihigo llegó al país en 1931 con 25 años, ya consagrado en Cuba y en las Ligas Negras. En 1932, establecieron sueldos elevados que solo Gonzalo Gómez podría pagar, y mi padre recordaba con gratitud su estancia en la hacienda “La Quebrada”, en La Victoria, donde residían muchos de los jugadores. Siempre me habló con cariño de Venezuela, de su gente amable, de su afición auténtica.

De lo deportivo, basta decir que lanzó su primer juego sin hits ni carreras en Puerto Rico con el Concordia, y al año siguiente ya dominaba en Venezuela con un promedio de carreras limpias de 0.29. En 1952 regresó, esta vez como mánager de los Leones del Caracas, con quienes ganó el campeonato pese a un inicio difícil y una crítica feroz.

A pesar del aprecio popular y de sus méritos, los encargados de elegir a los inmortales del béisbol venezolano nunca lo consideraron formalmente. Silenciosamente, dejaron pasar el tiempo y el error de su supuesta inclusión fue replicado sin cuestionamiento.

Así que hoy lo afirmo sin rodeos: Martín Dihigo está en seis Salones de la Fama, no siete. Cuba, Cooperstown, México, el Mundial del Béisbol, República Dominicana (Latino), y el de la Herencia Hispana en Estados Unidos. Venezuela aún le debe ese lugar.

La pregunta queda en el aire, del lado venezolano: ¿Merece o no Martín Dihigo ingresar al Salón de la Fama del Béisbol Venezolano?

El tiempo, y la justicia histórica, responderán.

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