Los Cerveceros de Milwaukee masacraron a los Rays de Tampa en un partido que puso en punto de mate la Serie Mundial, con una marca de humillación de 10×1.
Todo lo que sucedió la noche de este lunes en el Tropicana Field se reduce a un inning que ya está en los récords históricos de Grandes Ligas para un Clásico de Otoño. Y quizás sea el capítulo definitivo para sentenciar el destino final de esta batalla. Los Cerveceros avasallaron a Tampa con un aplastante rally de ocho carreras después de dos outs, algo inédito para estas lides.
Para los Rays el juego cuatro será un ejercicio de recuperación de la autoestima tras esta debacle.
Tras ir perdiendo por un par de carreras y haber conectado apenas un hit –de Yandy Díaz— en las primeras cuatro entradas los Rays estaban aún con posibilidades de hacer el trabajo y remontar el partido para conseguir una victoria crucial en sus aspiraciones de meterse de nuevo en la Serie Mundial.
Pero todo se vino abajo en la desastrosa quinta entrada de marras. Un golpe demoledor que sucedió en un abrir y cerrar de ojos, con cinco carreras que ocurrieron tras solo tres lanzamientos de los lanzadores tampeños.
La gran entrada de Milwaukee –vamos a decirlo así, la Gran Entrada de la Serie Mundial—estuvo a punto de terminar con cero, Con dos corredores en base Wiliam Contreras conectó un roletazo por tercera que Junior Caminero capturó y trató de buscar el tercer out forzando en segunda al corredor Christian Yelich. Caminero tenía el out más probable en primera, pero no lo vio.
Yelich deslizó y fue declarado out. Pero la revisión lo retornó quieto a la intermedia y así vino el diluvio de batazos, que no parecía tener fin.
Kevin Cash trajo al zurdo Cam Booser, que había sido dominante en la postemporada, pero lo acribillaron. La cadena la empezó Brice Turang con un hits impulsor de las pimeras dos de la entrada, y la rima la siguieron Garrett Mitchell con otro sencillo, Cooper Pratt y Sal Frelick con sendos dobles, David Hamilton, y el imparable Jackson Chourio, bujía de los Cerveceros, con otro doble que remolcó la décima anotación. Tres lanzadores de los Rays soportaron el despiadado castigo.

¡What a inning! ¡Eso si es un inning épico! En sus 122 ediciones, la Serie Mundial nunca había presenciado algo tan arrasador. Jamás un equipo había anotado tantas carreras con dos outs en una sola entrada durante un partido de finalísima de una temporada. Lo singular es que los Cerveceros lo consiguieron sin jonrones, algo poco común para tanto carreraje en una entrada.
Tras ese batacazo ofensivo, a los Rays les quedaba poco que hacer en el partido. Y no hicieron mucho más que una carrera de honrilla, en el noveno capítulo.
Desde el montículo de Milwaukee, como si los astros se hubieran alineado con la suerte cervecera, el zurdo Robert Gasser solo permitió el imparable de Díaz en seis entradas de actuación, con tres ponches y un solo boleto, apenas con 75 lanzamientos.
Además de la impresionante demostración de Gasser (este es un pitcher para no perder de vista), el partido archivó dos de esas jugadas que dan la nota de espectacularidad inigualable al béisbol: el fildeo de Chandler Simpson contra la cerca del left field para atrapar la línea de Sal Frelick en el segundo capítulo; y, como pago devuelto, la captura acrobática de Frelick sobre batazo de Ben Williamson en el octavo.


Milwaukee era ciertamente el favorito para llevarse la corona de Serie Mundial, pero lo que nadie pensó es que su demostración en todos los aspectos del juego lo pusiera en un pedestal de superioridad tan evidente ante su rival. Este es un equipo compacto, con bateadores con suficiente disciplina en cada turno al bate como para hacer trabajar a los pitcher, y un staff de lanzadores de probada efectividad, tanto abridores como relevistas.
Milwaukee terminó la temporada regular como el equipo más ganador entre todas las franquicias (103-59) y en la postemporada ha sido difícil de superar, incluso reponiéndose en siete ocasiones de marcadores adversos. Una Maquinaria de Magia Beisbolera que algún comentarista ha llamo la “Deep Brew” y que revela trabajo de conjunto, cohesión y determinación de ganar.
Y así están, a solo una victoria de agenciarse su primer título de Serie Mundial, algo que la franquicia ha esperado por 44 años tras su derrota en el Clásico de Otoño de 1982.
Si ganan la corona en el próximo partido, los Cerveceros también podrían entrar a la historia de Grandes Ligas como el segundo equipo que logra barrer tanto la serie de campeonato de su liga como la Serie Mundial de forma consecutiva. Antes lo consiguieron los Rojos de Cincinnati en 1976, pero los Milwauke sería el único en lograrlo desde que los campeonatos de ligar comenzaron a disputarse al mejor de siete partidos, en 1985.
Tampa, ciertamente, se ha ido destiñendo partido tras partido. Sus pilares ofensivos –Díaz y Caminero—no han producido y el equipo está bateando por debajo de 200. Una alineación que sustentaba su peligrosidad en el bateo de contacto y la velocidad, se muestra desarticulada e inefectiva, con mal corrido de bases. Sus lanzadores estelares, Drew Rasmussen y Freddy Peralta, no han tenido salidas de calidad. Para colmo, su hermética defensa de todo el campeonato se ha visto frágil y propensa a fallar, con errores mentales e insegurdad en jugadas clave que han costado carreras.

Eso puede suceder en la pelota y los equipos logran ajustarse y superar el trance. Lo que Sucede en la postemporada es que el tiempo para el correctivo es mínimo.
Para que la Serie Mundial 2026 regresara a Milwaukee, Tampa tendría que hacer la hombradía de superar el pésimo momento y arrancarle dos partidos a un equipo que tiene todas las cartas tiradas para ganar.
Pero depende de los Rays que esta confrontación sea algo más que una olvidable barrida en el tercer viaje de la franquicia a una Serie Mundial.
La batalla es también un desafío a las estadísticas y la historia de Grandes Ligas.
Ninguno de los 25 equipos que han quedado en desventaja de 3-0 en una Serie Mundial al mejor de siete partidos ha logrado remontar para ganar, y solo cuatro consiguieron forzar un quinto encuentro.
En todas las series de postemporada al mejor de siete, 43 equipos han tomado una ventaja de 3-0 y solo uno ha logrado revertir el conteo adverso y llevarse la victoria: los Medias Rojas de Boston frente a los Yankees en 2004.
Si los Rays quieren emular la hazaña de los Medias Rojas –hace justamente 22 años– sería fantástico. Pero después de lo ocurrido este lunes en el Tropicana Field la Serie Mundial tiene un inconfundible sabor a cerveza. Y todo pudiera decidirse en unas horas.
