La desaparición del Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán (1932-1959) y su acople con el juicio contra Huber Matos generan sin cesar fatuidades mediáticas por inflamarse las emociones y los intereses a cierta distancia del suelo histórico real.
Los fuegos fatuos como el hombre que hacía sombra a Fidel Castro, el discrepante del Che Guevara y Raúl Castro, el amigo de Huber Matos y tantos otros sobre Camilo vienen relampagueando década tras década con ánimo de legitimar tomas de partido en el debate sempiterno sobre ese fenómeno sociohistórico que suele identificarse como la revolución cubana.
Uno de sus primeros fenomenólogos, Carlos Franqui, pasó de revirarse contra Fidel Castro a virar bocabajo la revolución misma en el libro Camilo Cienfuegos (Seix Barral, 2001). Aquí este comandante guerrillero «con aire de Cristo cubano” se presenta por Franqui como el líder genuino del humanismo revolucionario, demócrata liberal y nacionalista, quien por sus méritos y popularidad despertó la envidia de los hermanos Castro y terminó siendo asesinado por ellos.
Solo que Fidel Castro distaba mucho de envidiar a Camilo, quien como furibundo fidelista obedecía sin chistar al astuto jefe de pandilla y éste supo aprovecharlo al extremo de encomendarle la misión de arrestar al revoltoso Matos.

Volaban con Camilo en el Cessna 310 el 28 de octubre de 1959. Foto: Trabajadores.
El 28 de octubre de 1959, a las 6:01 pm, Camilo despegó de Camagüey rumbo a La Habana en un bimotor Cessna 310, pilotado por el primer teniente Luciano Fariñas y con el sargento Félix Rodríguez como escolta. Franqui cayó en trance con que este avión fue derribado por fuego antiaéreo que ordenó Fidel, controló Raúl y ejecutaron jóvenes comunistas de la incipiente Seguridad del Estado.
Antes de que anochezca
A su vez Matos encendió otros fuegos fatuos en el libro Cómo llegó la noche (Tusquets, 2002) al enfocar la precitada misión que Fidel encomendó a Camilo:
- Ordenar a Camilo que procediera al arresto habría sido una jugada de Castro: si las tropas de Matos, jefe militar de la provincia de Camagüey,optaban por impedirlo, Camilo caería en la balacera; si la orden se acataba, Camilo quedaba obligado entonces “a romper su estrecha amistad” con Matos.
- Según Matos, esa amistad se aprecia en el arresto mismo, al reiterarle Camilo “que nosotros mantenemos la misma posición respecto al comunismo [y] Fidel está actuando equivocadamente (…) pero tengo que cumplir la orden”.
Igual se confirma en dos recados de Camilo a Matos ya en prisión preventiva:
- “El portavoz llega hasta el calabozo (…) Camilo dice encontrarse en una situación muy difícil (…) Me exhorta a evitar de cualquier manera el juicio [y] preparar un escape (…) Me pide que ignore la mierda que él hable de mí pues es pura palabrería impuesta por las circunstancias (…) Rechazo la oferta de organizarme una fuga. Si me fusilan, que sea defendiendo la verdad y mi honor”.
- “Camilo insiste: ‘No debe haber juicio; la solución es la fuga’. Conociendo a Camilo, creo que quiere evitar un juicio donde diré la verdad al precio que sea, incluso el de un enfrentamiento con Fidel”.
Solo que Matos distó mucho de decir su preciada verdad en el juicio. Ni siquiera insinuó que Camilo se había ofrecido para prepararle la fuga, mantenía la misma posición respecto al comunismo y pensaba que Fidel actuaba equivocadamente. Por no usar tales defensas, el silencio de Matos en el juicio es sepulcral: entierra toda credibilidad de sus referencias posteriores sobre amistad y valores comunes.
Y la luz se hizo
Así se titula el folleto (Cooperativa Obrera de Publicidad, 1959) que divulgó las declaraciones de Fidel Castro, el 14 de diciembre de 1959, como testigo de cargo contra Matos, quien a su vez se abstuvo de invocar a Camilo como excepcional testigo de descargo por su estrecha amistad y posición anticomunista compartida.

En alto contraste, Castro sí que invocó a Camilo en el juicio: “Yo pido que Camilo hable, que los discursos de Camilo se escuchen también aquí, ¡porque Camilo tiene derecho a hablar aquí también!”.Y enseguida sirvió en bandeja de plata un silogismo que daba pie más que suficiente a Matos para defenderse con Camilo:
- “Si en el Ejército había infiltración [comunista] consciente, como ellos [Matos y los oficiales que suscribieron su carta de renuncia] dicen, están acusando a Camilo (…) porque Camilo era el Jefe del Ejército (…) y entonces o son culpables ellos de calumnia [y] de traición (…) o es culpable Camilo. ¡Que Camilo hable!, ¡Que Camilo diga también su verdad!”
Matos abjuró de decir “la verdad al precio que sea” y de aprovechar el silogismo para enaltecer a Camilo honrándolo post mortem como amigo que compartía la oposición al comunismo en contra de Fidel, Raúl y el Che. Por el contrario, Castro podía encumbrar a Camilo como acusador lapidario de Matos con pasajes del discurso que Camilo había dado el mismo día del arresto:
- “Ustedes oyeron esta tarde las palabras de Fidel Castro, palabras puras y honradas, que ningún cubano puede discutir. Sabíamos cuando Pedro Luis [Díaz Lanz, jefe de la Fuerza Aérea] traicionó a la revolución, que entre sus íntimos contaba, desgraciadamente, con Huber Matos (…) Después vino el caso del que fuera presidente, [Manuel] Urrutia. Hay (…) pruebas irrefutables, irrebatibles, del contubernio que existía entre Pedro Luis, Urrutia y Huber Matos”.
- “Hoy viendo esta tropa de pie, apoyando al Gobierno Revolucionario, apoyando a Fidel Castro, líder único de esta Revolución, por su sacrificio, por su desinterés, y por su amor único y exclusivo a la Patria Cubana, afirmamos que no pueden surgir traidores (…)”
- “Puedo decir aquí, como se lo dije a él, que Huber Matos en ningún momento me fue a ver para plantearme problemas (…) Sin embargo, iba a ver a Urrutia, se reunía con Díaz Lanz y llegó incluso a donde el comandante Juan Almeida, a donde el comandante Calixto García para hacerles proposiciones indecorosas [de] emplazar a Fidel”.

Para el 26 de octubre de 1959, Castro convocaba a un acto masivo frente al Palacio Presidencial en La Habana. Allí y entonces quemó a Matos en la hoguera popular como traidor, proclamó el advenimiento de las Milicias Nacionales Revolucionarias y anunció la resurrección de los Tribunales Revolucionarios al efecto de juzgar tanto a militares como a civiles por delitos contrarrevolucionarios.
El discurso de cierre estuvo a cargo de Camilo. Matos alegaría: “Estoy seguro de que cuando terminó el acto, los Castros decidieron desaparecer a Camilo”, ya que Camilo no le pidió paredón tras haber soltado Fidel en el discurso precedente: “¡Que levanten la mano los que opinen que los traidores como Huber Matos merecen la pena de fusilamiento!” y la gente pedir a gritos “¡Paredón!”.
Esta alegación pueril de Matos se refuta con que Camilo no tenía que llover sobre mojado y dijo bastante con “que por cada traidor que surja, habrá mil soldados rebeldes que estén dispuestos a morir defendiendo la libertad y la soberanía que conquistó este pueblo (…) Vemos los carteles y oímos las voces de este pueblo valiente que dice: ‘¡Adelante, Fidel, que Cuba está contigo!’ (…) ¡Adelante, Fidel! ¡El Ejército Rebelde está contigo!” (…) No importan todos los traidores…”
Desaparición plausible y fatuidades
Aquel 28 de octubre Juan Viera, veterano piloto de Aerolíneas del Norte S. A. y técnico encargado de revisar el Cessna 310 antes de que despegara, dio el visto bueno de las condiciones del avión, pero advirtió a Camilo que pospusiera el vuelo por causa de mal tiempo con muchas turbonadas. Camilo repuso que tenía que regresar, porque Fidel lo esperaba ese mismo día.
La maldita circunstancia de la tormenta fue corroborada por Eusebio González, alistado en el Grupo de Apoyo al Estado Mayor del Ejército Rebelde, quien por orden de Camilo trasladaba un prisionero a La Habana y al afrontar la rotura de un vehículo llamó por microonda a la torre de control de Camagüey para informar a Camilo que no llegaría a tiempo a la capital.
El escolta Félix Rodríguez contactó desde el avión a Eusebio para averiguar si se había resuelto el percance y este último oyó decir al piloto Fariñas: “Nos tenemos que desviar”. Pidió entonces hablar con Camilo, quien le aseguró: “No, no hay problemas, Eusebio, no te preocupes. Dice el piloto que nos desviamos porque hay una tormenta…”
Los testimonios de Viera y González fueron prestados de inmediato y zanjan el asunto, pero la posibilidad real del hecho golpeó a todos. En la estela dela búsqueda frenética pero infructuosa emergieron desde el hallazgo ficticio por la prensa en Cuba hasta las versiones en el exilio del asesinato de Camilo en tierra.

Para el aniversario 50 de la tragedia, el periodista Jorge Casuso resumió en “Who Killed Camilo Cienfuegos?” (Miami New Times, 28 de octubre de 2009) que el exilio seguía echándole la culpa a Fidel, pero ninguna de las alegaciones contra su versión oficial de accidente constaba probada y los testigos de aquellas habían corrido mala suerte: el piloto de la aeronave británica que seguía al Cessna 310 desapareció tal y como Camilo, el mecánico de aviación que reportó el empleo de ametralladoras fue atropellado de muerte por un auto, el pescador que presenció el tiroteo en el aire fue interrogado y nunca más se supo de él, el amigo personal de Camilo que comenzó a investigar el caso fue muerto a tiros…
No obstante, como asevera el historiador cubano exiliado Sergio López en su tesis doctoral (Universidad de Valencia, 2014), la tacha de Castro como traidor a los ideales del pueblo cubano exigía acusarlo de la desaparición de Camilo incluso con el empleo freudiano del chiste tendencioso hostil.

Hoy en día pervive hasta la versión del asesinato de Camilo en el aire fabricada por Juan Orta, exsecretario y fallido asesino de Castro: el Cessna 310 habría sido derribado por un caza Sea Fury, luego de recibir Camilo un mensaje de la torre de control de Camagüey acerca de que el comandante Félix Torres estaba perdido sobre el mar al sur de Trinidad y era necesario sumarse a la búsqueda. Nunca se aportó la cinta grabada que habría registrado los despegues, en breve intervalo, del Cessna 310 y del Sea Fury “con su cañón de 20 mm desenfundado”.
Además de la versión del capitán Roberto de Cárdenas: “Riña en el Palacio Presidencial. De dos disparos matan a Camilo…” (El Avance Criollo, 1 de julio de 1960), otra del asesinato en tierra viene por boca del comandante Jaime Costa, veterano del asalto al Cuartel Moncada y del Granma, quien ya exiliado trasladó el crimen a una pista de aviones de fumigación en la Ciénaga de Zapata.
Este fuego fatuo inflamó el espíritu literario de Orlando Luis Pardo, quien da por sabido que el “cordial Camilo” fue asesinado a sangre fría en una finca cerca de Playa Girón: “Le vaciaron varias ráfagas en el vientre y el tiro de gracia se lo dio Raúl Castro, en los testículos”. Para OLP, Camilo es “un desaparecido que nunca aparecerá [pues] el colador de su cadáver fue incinerado a golpe de mangle y carbón de pantano”.
Sin embargo, el esqueleto de Camilo circula en redes sociales tras haber sido encontrado en la Ciénaga de Zapata y verificada su autenticidad por examen de ADN con los restos de su hermano Osmany Cienfuegos.
Así las cosas conviene recordar que hasta los fuegos fatuos encendidos en foros académicos no dan más luz que la revelación (The Miami News, 25 de octubre de 1961) de Vani Maris Lake, alias La Peregrina, enfermera en la Sierra Maestra e intérprete en el Centro de Refugiados Cubanos en Miami, quien juró por Dios que la noche del 27 de octubre de 1959 había acompañado a los hermanos Camilo y Osmany Cienfuegos hasta el Palacio de la Revolución.
Camilo entró y ella se quedó en el auto con Osmany. A las 8:30 pm oyeron unos disparos y vieron a Castro, histérico, forcejeando con unos guardias. Camilo fue llevado de urgencia al Hospital Militar de Columbia, donde falleció. Lake notó impactos de bala en el rostro y el cuerpo. El cadáver fue trasladado a la casa de Celia Sánchez en El Vedado y de allí a otra en Arroyo Arenas, donde le echaron ácido sulfúrico para desfigurarlo antes de enterrarlo en el jardín. Amén.