En las últimas horas ha sido noticia la limitación de los sistemas Starshield de Starlink que el Pentágono ha ofrecido a Ucrania desde que comenzó el conflicto con Rusia hace más de cuatro años.
El pasado viernes el presidente Donald Trump afirmó que ni él ni el fundador de SpaceX, Elon Musk, fueron los causantes de la interrupción del servicio Starlink en Ucrania en medio de un enfrentamiento con su homólogo ucraniano Volodimir Zelensky por la reanudación de los ataques contra las refinerías de petróleo rusas.
Una aclaración oportuna en este contexto, que no debe ser motivo de confusión, es la colaboración del gobierno de Estados Unidos para proporcionar los Starlink comerciales V2 a Ucrania a raíz del conflicto bélico de 2022. Ucrania ha dispuesto de sistemas Starlink de forma ininterrumpida desde 2022, aunque los sistemas Starshield se comenzaron a ofrecer en 2024.
Para comprender de forma correcta lo que ha sucedido cabe esclarecer varios aspectos de esta encrucijada en la escalada bélica entre Rusia y Ucrania.
Sistemas Starshield en el ejército ucraniano
Los sistemas Starshield surgen mediante un contrato que realizó el Pentágono con SpaceX para fabricar terminales de internet para uso exclusivo del ejército. Huelga mencionar que los diseños de estas terminales son secretos; sin embargo, sí podemos mencionar algunos detalles operacionales que son del conocimiento general, tal como la apariencia de los sistemas que son modelos similares a los sistemas comerciales vendidos por Starlink en todo el mundo.
En el caso de los Starshield lo que los hace notablemente diferentes son sus operaciones y la forma que realizan las comunicaciones entre estaciones, como el manejo de las puertas de enlace, facilitando así, entre otras cosas, compartir información entre dos estaciones Starlink de forma remota. Al hacer uso exclusivo de los satélites de SpaceX, sin que esta información tenga que pasar necesariamente por un Gateway terrestre, queda protegida la información de extremo a extremo con posibilidades casi nulas de vulnerabilidad. La encriptación de grado militar de los enlaces satelitales y un hardware interno mucho más resistente a las inclemencias del tiempo completan la estructura de estos sistemas, haciéndolos más duraderos y seguros.
En otros aspectos, los planes de ancho de banda de internet son muy similares a los planes de negocios que maneja Starlink para sus sistemas comerciales. Si un plan de itinerancia con movilidad cambia, a menos que SpaceX determine crear un plan específico de Internet para sistemas Starshield –algo que no existe aún– los planes contratados para uso de estos sistemas estarán sujetos a los cambios que el proveedor aplique en algún momento.
Este aspecto nos lleva a la segunda cuestión: la limitante de la velocidad de sistemas itinerantes a 160 km/h (100 mph).
Ha sido un cambio global de la itinerancia en los servicios de internet móvil. La rama militar no está exenta, ya que el servicio de internet es el mismo y solo cambian las aplicaciones que los sistemas de diseño militar les permiten.
El ejército ucraniano expresó su frustración al detectar que la velocidad itinerante de sus sistemas se había reducido drásticamente, pero esto era un cambio previsible. Starlink ya había hecho público que los sistemas itinerantes desaparecerían para mediados de agosto de este año, por lo que, aquellos usuarios que hicieran uso de estos planes o necesitaran hacer emplearlos en movimiento, deberían escoger nuevos planes de forma manual y asumir que el límite máximo de velocidad no debería exceder los 160 km/h. Por ejemplo, en Krey Networks & Communications las alertas nos comenzaron a llegar de forma abrumadora y nos vimos obligados a actualizar nuestras plataformas; en otros casos, debimos establecer diálogos con nuestros clientes para instruirlos en las nuevas modalidades de movimiento.

Los sistemas Starshield no estaban excluidos de estos cambios. La aplicación de esta última política de modificación de los planes de los servicios de Starlink ha sido más lenta de lo usual, pero sí es cierto que ya se ha aplicado en varios países, por lo que Ucrania debía haber estado alerta a este cambio previsible.
Surge la pregunta inevitable: ¿puede considerarse que SpaceX o el gobierno de Estados Unidos le dieron la espalda a Ucrania? Aseverarlo no sería justo, Amén de los intercambios entre Elon Musk, presidente de SpaceX, el presidente Trump o cualquier intercambio público de opiniones con el presidente Zelenski, lo cierto es que los sistemas Starshield –valorados en cada estación entre $20,000 a $30,000 dólares– han seguido siendo aportados por el Pentágono al gobierno de Ucrania. Los sistemas siguen estando operativas para el ejército ucraniano y SpaceX sigue facilitando las garantías de seguridad en las comunicaciones de las que dependen las fuerzas militares ucranianas en el frente.
Discordia por la limitación de movimiento
Debo comenzar señalando que mi enfoque en este aspecto no es puramente político. Mi principal objetivo es realizar una evaluación lo más imparcialmente posible de esta situación. Por lo que debe señalarse que el uso practicado por el ejército ucraniano de los sistemas Starshield en los últimos meses ha sido en modo de emergencia, pero a su vez pone a SpaceX, a Elon Musk y al mismo gobierno de Estados Unidos en una situación ética cuestionable.
Los sistemas Starshield se diseñaron para uso militar, pero no para emplearlos en la forma que el ejército ucraniano lo ha hecho, incorporándolos en sus letales drones de alcance medio, recibiendo de esta forma video de alta definición y guiándolos a blancos a cientos de kilómetros de las líneas enemigas en el mismo corazón de Rusia. Al usar enlaces satélites, los armamentos rusos de guerra electrónica, con capacidad de interferir señales de radio, resultan inservibles. Ucrania ha golpeado duramente a Rusia en los últimos meses, pero lo cierto es que, hasta el presente, SpaceX es una empresa con enfoque puramente comercial, por lo que no se le debe identificar como un proveedor de armamento ni sus componentes asociados en un conflicto bélico, como lo ha hecho –con intención o sin ella, o ya por urgencia– el ejército ucraniano.
La evolución empresarial de SpaceX es en la esfera comercial, no armamentista. Que Ucrania haya fusionado sus drones con sistemas Starlink pone al descubierto una línea qué se aleja del propósito empresarial. StarMind es una nueva red que saldrá el próximo año con servidores en el espacio, pero todo con fines comerciales. Si su línea se identifica con un propósito armamentista será un asunto complejo de dilucidar.
Lo que se desprende de este panorama son dos posibles avenidas, con decisiones estratégicas altamente sensibles para las relaciones internacionales.
La administración Trump pudiera solicitar a Elon Musk que conceda a los Starshield la posibilidad de moverse a velocidades superiores, pero de ser aprobada esta decisión, marcaría de facto a SpaceX como una empresa que además de tener fines comerciales, también proporciona partes de armamento de alta eficiencia a otros ejércitos.
Hoy sucede con Ucrania, pero otros países que han adquirido los sistemas Starshield, como Reino Unido, o Nueva Zelanda, en fase de adquirirlos, pudieran también concebir como justificable en un futuro el uso de esos sistemas como parte de armamento militar de alta eficiencia, y SpaceX no tendría muchas opciones de cuestionamiento tras el precedente de Ucrania.
La segunda alternativa es que el gobierno de Estados Unidos o Elon Musk desaprueben las peticiones de Ucrania para utilizarlo en la forma que los han hecho en los últimos meses. Ucrania tendría que respetar esta decisión y reinventar los enlaces que guían sus drones a los objetivos enemigos.
En todo caso hay algo comprobado. El uso de Starlink ya no se valida solamente como un proyecto comercial. Los últimos eventos confirman su instrumentalización –eficiente, pero inadecuada– como parte de un arma poderosa en el campo de batalla y en futuros conflictos en un mundo peligrosamente abocado a apropiarse del desarrollo tecnológico para imponer nuevas formas de dominación.
*Raudel García Bringas es presidente de la corporación KREY Networks & Communications, establecida en Florida, Estados Unidos, desde 2016.