La administración de Donald Trump busca apartar del poder al gobernante Miguel Díaz-Canel como condición para lograr un progreso significativo en las negociaciones establecidas entre ambas partes, según reportó este lunes el diario The New York Times.
La información proviene de cuatro fuentes citadas por la publicación, que las identifica como personas familiarizadas con las conversaciones y que hablaron bajo condición de anonimato.
La medida sacaría del juego político a una figura clave del gobierno, pero dejaría intacto al aparato jerárquico del régimen, pero los negociadores buscan dejar en manos de los cubanos los pasos a seguir, señaló el reporte.
Hasta el momento, Estados Unidos no está presionando para que se tomen medidas contra los miembros de la familia Castro, quienes detentan el poder en el país, dijeron las fuentes consultadas.
“Esto es coherente con el deseo general de Trump y sus asesores de forzar la sumisión del régimen —en lugar de un cambio de régimen total— como eje de su política exterior”, señaló el periódico.
El mensaje del gobierno de Trump de que Díaz-Canel debe irse no se ha articulado como un ultimátum, sino que se ha presentado como un paso positivo que allanaría el camino para acuerdos productivos, dijo una de las fuentes entrevistadas.
En opinión de algunos funcionarios de la administración Trump, la destitución del jefe de Estado cubano permitiría realizar cambios económicos estructurales en el país que difícilmente apoyaría Díaz-Canel, a quien funcionarios estadounidenses consideran un partidario de la línea dura, comentó una de las fuentes citadas.
Si los cubanos acceden, ello daría lugar a la primera gran sacudida política derivada de las conversaciones entre ambos países desde que estas se iniciaron hace unos meses.
La destitución del dirigente cubano otorgaría al presidente Trump una victoria simbólica para presentarlo ante los estadounidense como un logro contra el líder de un país históricamente enfrentado a Estados Unidos, tal como hizo en Venezuela, dijo una de las fuentes.
El diario neoyorquino menciona que la medida está concebida para demostrar a la comunidad cubana y a otros ciudadanos estadounidenses que la administración Trump busca cambios tanto políticos como económicos, pero probablwmente decepcionaría a muchos exiliados conservadores radicados en Estados Unidos, quienes aspiran a una transformación política integral en Cuba.
Asimismo, los legisladores cubanoamericanos en el Congreso y los políticos de Florida podrían exigir a Trump una actuación más contundente, presionados por motivos electorales.
Los negociadores estadounidenses también gestionan que Cuba acceda a apartar del poder a algunos funcionarios de avanzada edad que siguen comprometidos con las ideas de Fidel Castro, indicó una fuente.
Pero un punto fundamental en las conversaciones es la presión para lograr la liberación de los presos políticos cubanos, que sobrepasan los mil, según cifras de organizaciones independientes de derechos humanos.
Desde la perspectiva de los funcionarios estadounidenses, las conversaciones se centran en lograr que Cuba abra gradualmente su economía a los empresarios y empresas de Estados Unidos, al tiempo que se consiguen algunas victorias políticas simbólicas que Trump pueda anunciar.
El Departamento de Estado declinó hacer comentarios y se remitió a las recientes declaraciones de Trump sobre Cuba.
Díaz-Canel, de 65 años, ejerce como presidente de Cuba desde 2018 y ocupa también el cargo de primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Su mandato presidencial se extenderá hasta 2028 y no podrá prolongarse, pues lo impide la Constitución vigente.
Es la primera —y hasta ahora la única— persona cuyo apellido no es Castro que llega al máximo poder en Cuba desde el triunfo de la revolución en 1959, recuerda el diario.
Pero muchos analistas lo considera una figura decorativa que carece de verdadero control político o económico en Cuba, aún bajo la égida de Raúl Castro, de 94 años.
La gestión gubernamental de Díaz-Canel al frente del país ha coincidido con un período de profunda crisis económica y deterioro de los principales indicadores que exhibía la vitrina del socialismo cubano, como el sistema de salud pública, la educación y la seguridad social.
Más de dos millones de ciudadanos huyeron del país desde su llegada al poder a medida que la desintegración económica derivó en una crisis humanitaria, lo que lo ha convertido en blanco previsible para una destitución, según los expertos entrevistados por The New York Times.
Los funcionarios cubanos involucrados en las conversaciones con Estados Unidos coincidieron en que su presidencia ha sido problemática, pero aún necesitan encontrar la manera de realizar el cambio sin que parezca que Washington le está diciendo a La Habana qué hacer, dijo una fuente.
Estados Unidos ha dado a entender que no se puede llegar a ningún acuerdo con él al mando, agregó el informante.
El gobierno de Trump, como parte de su estrategia para presionar al gobierno cubano, ha bloqueado las importaciones de petróleo extranjero.
Desde hace semanas Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, ha sido mencionado como un negociador clave en las conversaciones con Estados Unidos, incluso directamente con el secretario de Estado, Marco Rubio.
Una de las fuentes entrevistadas mencinó que Rodríguez Castro, conocido como El Cangrejo, mantendría poder tras bambalinas tras la sustitución de Díaz-Canel, mientras que otra figura que no lleva el apellido Castro ocuparía oficialmente el cargo de presidente.
Este lunes, el sistema eléctrico nacional colapsó en Cuba desde el medidía, dejando a oscuras a casi la totalidad del territorio nacional.
Mientras, en una reunión de su gabinete en presencia de periodistas, Trump volvió a mencionar a Cuba, pronosticando cambios inminentes.
“Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, dijo Trump.
Al ser presionado, se negó a decir si se trataría de una acción diplomática o militar, limitándose a decir: “Creo que puedo hacer lo que quiera con ella”.
El gobierno de Trump pretende hacer en Cuba lo que hizo en Venezuela: derrocar a su presidente, pero esta vez sin el uso de la fuerza militar, pues un ataque militar se considera improbable, según dijeron funcionarios estadounidenses al periódico.
El gobierno estadounidense también ha sugerido que Cuba privatice su sector petrolero, pero las autoridades cubanas se muestran reacias a hacerlo porque probablemente le daría a Washington un poder significativo sobre los asuntos cubanos, según una fuente.
La destitución de Díaz-Canel es más simbólica que sustancial, pero ofrece una oportunidad perfecta para que Washington y La Habana “reinicien” su relación, afirmó Ricardo Zúniga, funcionario del Consejo de Seguridad Nacional en el gobierno de Barack Obama.
«Me parece que tiene todo el sentido; eso es lo que yo habría hecho. El capitán se hunde con el barco, y este barco se está hundiendo», dijo Zúñiga, quien figuró en el equipo negociador del deshielo durante Obama.
Zúniga recordó que Díaz-Canel nunca fue alguien dispuesto a impulsar políticas transformadoras, y fue colocado en su puesto precisamente porque no introduciría ningún cambio drástico, por lo que ahora facilitaría sacrificarlo en el actual enfrentamiento con Estados Unidos.
El periódico señala que no está claro quién ocuparía el lugar de Díaz-Canel, pero menciona que el gobierno cubano parece estar tanteando el terreno con diversos candidatos al otorgar mayor visibilidad pública a funcionarios que habitualmente trabajan tras bastidores.
Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, fue nombrado viceprimer ministro a finales del pasado año y es la pieza dirigente para instrumentar la proyectada apertura a la inversión extranjera, incluyendo los cubanos emigrados y residentes en Estados Unidos, lo cual fue oficialmente anunciado este lunes.