Mongo Santamaría (1917-2003) fue uno de los que en Fania no se calló ante los desmanes. Y la hemeroteca no perdona. Mongo viajó a Cuba en julio de 1976, tras la muerte de su madre en La Habana. No iba hacía 16 años, desde que en 1960 viajó a la capital cubana para grabar los temas de sus discos Our Man in Havana y Mongo in Havana. Bembé!, publicados por Fantasy Records. Al año siguiente, en 1977, volvió de nuevo, y comenzó a pensar en repetir la experiencia de grabar en Cuba, algo que no llegó a realizarse.
Ya llevaba entonces algunos años vinculado a Fania, a donde había llegado con una importante carrera consolidada en Estados Unidos, con 25 álbumes con importantes sellos y colaboraciones con grandes nombres del jazz. Se sentía con toda la solvencia para decir lo que desde Nueva York dijo a la revista Billboard, en entrevista publicada el 15 de abril de 1978. Esas declaraciones no pudieron ser más explosivas, como una de las expresiones públicas más candentes del diferendo de Mongo con Jerry Masucci y Johnny Pacheco, que, al decir de algunos testigos, llegó a alcanzar altos decibelios, en su reclamo de aspectos que consideraba esenciales.
Del reporte del periodista Agustín Gurza comparto traducidos algunos momentos:
“Es crítico con la actual escena salsera de Nueva York, dice que es una simple imitación de las formas cubanas. «La música que escuché en Cuba [en el reciente viaje] es muy progresista –comenta Mongo-. Están avanzando fantásticamente, mientras que aquí es todo lo contrario. Los músicos newyorkinos no están creando: están imitando.» Dice que para ser coherente con su postura, se negó a salir de gira con la Fania All Stars este año, aunque el presidente de la Fania, Jerry Masucci, le hizo una oferta atractiva.”

Era una colisión entre la pureza de la música afrocubana que defendía Mongo, y la maquinaria comercial y de marketing de Fania en torno a la llamada “salsa”, que llegaba a enajenar no solo los orígenes y la esencia, sino también la autoría de canciones de compositores cubanos, con el subsiguiente y negativo impacto económico para los que aún vivían en Cuba, e incluso para algunos que ya habían emigrado y se encontraban indefensos legalmente ante la maquinaria de la industria. Mongo no solo cuestionaba el término «salsa», sino que mantenía una distancia crítica con el control creativo y comercial de los líderes de Fania Records.
El gran percusionista cubano se oponía a la narrativa que canonizaba a Johnny Pacheco como «creador» o arquitecto de la salsa. Para Mongo, Pacheco estaba reempaquetando ritmos cubanos que él mismo –Mongo– había ayudado a perfeccionar décadas antes, y en esa manipulación, se eludían las raíces afrocubanas y se despojaba esos ritmos y géneros de su complejidad original para hacerlos más comerciales.

El hecho de que Mongo actuara con Fania All Stars como «artista invitado» y que grabara varios álbumes para Fania (con su subsello Vaya Records) no puede interpretarse como aceptación o connivencia con las políticas y manejos de la empresa. Por el contrario: desde dentro dio la pelea de la forma más abierta y sincera. Su entrevistador de Billboard escribió:
“Y hay otras frustraciones con Fania: sus últimos álbumes para ese sello han sido muy aclamados musicalmente (su LP Amanecer ganó el Grammy este año). Pero Santamaría siente que su estilo musical es demasiado distinto de la corriente principal de la Fania, que no es lo suficientemente latino. Por lo tanto, cree que las potenciales ventas de sus discos en el mercado no latino se han desperdiciado. «Toco en más sitios que la mayoría de los artistas latinos», dice Mongo. «Puedo ir a Nueva Orleans o Detroit, lugares donde los discos latinos realmente no están disponibles. Descubrí que la gente que iba a verme allí pensaba que estaba muerto o que de alguna manera había desaparecido del mapa» . Y continúa hablando de su experiencia con otros sellos ante la disyuntiva de qué hacer.[…]
“Da crédito a Fania por haberle dado la libertad creativa que le faltaba en los sellos no latinos. Muchos observadores creen que Mongo ha hecho sus mejores álbumes para el sello. «Pero necesito llegar a todos los sectores del público», dice. Estadounidenses, latinos, jóvenes, viejos, negros y blancos. Siento que la música latina, lo que hoy llaman salsa, es muy rica y hermosa, pero ya eso lo hice y lo he dejado atrás.”
Para entonces, a la etapa de Mongo en Fania le quedaba poco, cerrando con los álbumes A la carte (1978) e Imágenes (1980) y en la historia quedan –y hay que recordarlos siempre– los momentos en que les cantó las 40 a quienes entendía que lo merecían, en su defensa acérrima de la verdad y de la música cubana.