Tiene la palabra Enrique Colina: Sobre la censura y sus demonios

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Escena de la obra El Rey se muere, de Juan Carlos Cremata, envuelta en una polémica tras la censura aplicada por el Ministerio de Cultura.

Por Enrique Colina*

La censura artística practicada en Cuba durante estos 56 años contra obras y creadores de la cultura en favor de una supuesta defensa de la Revolución ha derivado paradójicamente en  un boomerang contrael prestigio político del proceso revolucionario, el mismo que fomentó y desarrolló desde su inicio las diversas expresiones artísticas que hoy sustentan y refuerzan nuestra identidad nacional y garantizan la continuidad del legado positivo de esta etapa de nuestra historia.

Si hiciéramos el recuento de las rectificaciones y rescates de obras y personalidades de la cultura que una vez fueron estigmatizados con el sambenito contrarrevolucionario por funcionarios y dirigentes de una ortodoxia rígida y dogmática –en ocasiones fracturada por una actuación corrupta, oportunista o sencillamente inconveniente dentro de la estructura centralizada y vertical de poder, que los llevó a ser ellos mismos  separados y condenados al ostracismo político-, la lista sería larga. Hoy se reconocen oficialmente las injusticias cometidas durante el llamado quinquenio gris y las reparaciones, desagravios y apropiaciones de su legado cultural se realizan muchas veces cuando ya han desaparecido sus autores, aún de aquellos que tuvieron que emigrar, pero para esos que se fueron por criticar, advertir y denunciar en sus obras la deriva autoritaria e intolerante de la burocracia sistémica, para esos “rescatados” hay que estar ya muerto.

Proyección del miedo

La intolerancia a la crítica como norma para conocer la verdad -que es consustancial al fenómeno artístico que explora, indagay escudriña en los conflictos humanos, enmarcados social, política y económicamente en su realidad y en su historia-  ha sido y sigue siendo una proyección del miedo para afrontar las responsabilidades emanantes de un poder burocratizado que ha cometido errores, extravíos y desviaciones de su inicial impulso revolucionario y libertario. Equivocaciones y despropósitos motivadosen ocasiones por  la impaciencia y las buenas intenciones y en otras por voluntarismos obcecados en un inmovilismo quimérico incapaz de adaptar y reacondicionar la utopía a los requerimientos apremiantes de una realidad necesitada de una  apreciación objetiva, sensata y equilibrada de las causas de sus carencias y defectos para corregirlos y enmendarlos.

Antes bien y a pesar de las cíclicas aperturas de rectificación y los llamados a la crítica pública contra lo mal hecho durante estos 56 años la atención siempre se dirigió hacia los fenómenos y no a sus causas.  Por eso la ausencia de su confrontación crítica sistemática a través de los medios informativos sometidos a esa censura castradora ha terminado por fraguarla sacralización e intocabilidad de las decisiones verticales de poder, aunque se pretenda enmascararlas haciendo consultas participativas para el retoque de los afeites. Existe ya un anquilosamiento en la conciencia ciudadana y un agotamiento ideológico por el gastado carácter propagandístico de los medios que dan la espalda a una realidad de opaco futuro y que provoca esa desidia y escapismo que tanto preocupa a los que se inquietan por el desviacionismo ideológico, la superficialidad y la banalidad del entretenimiento que la gente busca en el “paquete”,los juegos de computación, la música reguetonera… Esa pérdida de valores, la mala educación, la vulgaridad, la indisciplina social… también son el resultado de no haber promovido y alimentado en la práctica ciudadana esa rebeldía y autonomía de criterio que el Che alentaba en contra de todos los falsarios y oportunistas que pregonan los dictados de discreción, cautela y mesura en la expresión de nuestras inconformidades ciudadanas. Desacuerdo lícito en cuanto derecho civil a expresar una opinión sin que esta sea reprimida mediante esa inoculación de miedo ante las consecuencias de expresar un punto de vista crítico en “un lugar inapropiado, en un momento inoportuno y de una manera políticamente incorrecta”.

Los que censuran y condenan

El cine, el teatro y las artes plásticas han contribuido con muchas de sus creaciones a confrontarnos con este muro del silencio protegido por los cancerberos ideológicos que censuran y condenan en nombre de una defensa de la Revolución cuando en realidad lo que hacen es vulnerar los pilares humanistas de su continuidad. Películas, piezas teatrales y obras plásticas -sin olvidar el período de proscripción que sufrieron los mejores exponentes de la Nueva Trova y que a la postre se convirtieron en los más auténticos cantores de la obra revolucionaria- han sufrido los embates de esa resaca reaccionaria que rehúye el debate de ideas y se agazapa en las trincheras de piedraspara lanzar sus venenosos dardos inquisitoriales.

Recientemente y en contradicción con la apelación hecha por la más alta instancia de gobierno de asumir la realidad con sentido crítico, honestidad y compromiso ético, reconociendo que la unanimidad de criterios es una falacia de simulación, se han lanzado ataques contra un escritor cuya obra literaria y periodística es ejemplo de seriedad y sinceridad en el reconocimiento de nuestras actuales carencias materiales y espirituales, además de ser un genuino exponente de una comprometida y auténtica cubanía. Hablo de Padura y refiero también la estúpida prohibición de la película inspirada en su novela, Regreso a Ítaca, que meses más tarde fue exhibida durante una semana de cine francés, más para guardar las apariencias que como reconocimiento del error de soberbia cometido. Estúpida por cuanto expuso sin pudor los colmillos de esa fiera dogmática agazapada para sólo crear un problema que desprestigia no sólo a su propio hacedor sino al poder que representa. Porque, entiéndase bien, más que fortaleza, esa conducta de intolerancia expresa más bien la debilidad y el raquitismo intelectual y político para asumir un debate abierto y responsable con razones y argumentos que alimenten una confianza solidaria para buscar soluciones a los problemas que se denuncian en la obra, para que no se repita esta triste historia de alentar esa combatividad “revolucionaria”propensa a amordazar el pensamiento y a convertir en enfermiza paranoia la lógica precaución que supone asumir un cambio como el que se está produciendo en nuestro país. Cambio con la sanidad, no sólo de intenciones para que todo siga igual, sino para extirpar esta incapacidad para mirarnos en el espejo incómodo, reconocer nuestras imperfecciones ycuestionarlas deficiencias históricas en la estructura sistémica del modelo que las fomenta.

Recuerdos de la parametración

Así llego finalmente al punto de partida que me ha motivado a escribir estas líneas: la prohibición de la obra teatral de Juan Carlos Cremata y la suspensión de su ejercicio como director teatral. Por ahí me viene en el recuerdo aquellos años en que el teatro cubano que había alcanzado su esplendor con el triunfo revolucionario sufrió aquella “parametración” purificadora cuyos prejuicios aberrantes y represivos resultaron en frustración, ostracismo y exilio para creadores y artistas que sólo estaban enriqueciendo con su arte ese patrimonio cultural que sabemos constituye el soporte y sostén de nuestra identidad nacional. No pienso hacer la historia ni  mencionar nombres arrollados por aquel desafuero que califico de auténticamente vergonzoso y contrarrevolucionario, que sólo trajo descrédito para una Revolución en la que algunos extremistas con poder de decisión interpretaron la aspiración de crear  un hombre nuevo con la de crear un robot obediente, dogmático y henchido de prejuicios reaccionarios, hoy combatidos pero no exterminados.

Tampoco voy a detenerme a polemizar acerca de la obra en cuestión con la que puede uno estar de acuerdo o no, gustarle o no su puesta en escena… no, sólo quiero señalar que considero improcedente que algunos –que no son artistas ni han aportado nada a la cultura nacional- se erijan nuevamente en jueces inquisidores y que, uncidos de una autoridad efímera, decidanfrustrar el destino de un artista, de un creador cuya obra en el cine y en el teatro es ya patrimonio de nuestra cultura. Puede haber contradicciones y en cualquier parte el director de un teatro puede decidir si presentar o no una obra, si suspenderla o continuar su representación, el caso anómalo está en que si hubo supervisión previa con respecto a su contenido y puesta en escena, qué responsabilidad tienen los censores en la situación creada luego del estreno. El teatro en Cuba está auspiciado por el Ministerio de Cultura y responde a una política cultural cuyo diapasón debe ser tan amplio como el reconocimiento de la capacidad de discernimiento de un público nacional al que oficialmente se le reconoce su nivel educacional, político y cultural.

Entonces, ¿por qué la censura ala adaptación y puesta en escena de una obra que de por si tiene un alto contenido de provocación perfectamente compatible con la función estremecedora de un arte que pretende romper tabúes, conmover y convocarnos a pensar, a tomar partido a favor o en contra de su propuesta? ¿Tenemos o no un público culto y comprometido con las ideas y principios revolucionarios capaz de sacar sus propias conclusiones para  aprobarla o rechazarla? ¿Qué verdadero sentido constructivo tiene una censura excluyente sin que medie el debate entre todos aquellos que realizan esa actividad artística y que potencialmente están sujetos a la misma arbitrariedad?

Rodilla en tierra

Cuando 25 años atrás se dictó la censura contra el filme de Daniel Díaz Torres, Alicia en el pueblo de Maravillas, y se dio la orientación a militantes del Partido Provincial, sito en M y 23, de acudir al cine Yara para que durante su exhibición “salirle al paso a cualquier manifestación de aprobación contrarrevolucionaria”, apareció en la primera página del periódico Granma una nota oficial en la que se anunciaba  que por decisión del Consejo de Estado el ICAIC quedaría bajo la supervisión del ICRT. Esto significaba que el Instituto de cine nacional perdía la relativa autonomía de decisión política para la aprobación de su producción de cine, la que hasta  entonces le había permitido realizar una producción de filmes y documentales que hoy pudiéramos considerar como diagnóstico de los males que con el Período Especial se agudizaron hasta el grado de hacer sonar la alarma de la necesidad imperiosa de realizar los cambios y aperturas que hoy tardíamente vivimos. En aquel momento los cineastas nos reunimos para protestar contra aquella decisión que descalificaba el filme, a su director y disolvía al ICAIC.

La película no era contrarrevolucionaria, tampoco su director ni ninguno de los que echamos rodilla en tierra para defender ese espacio artístico con propuestas críticas, todas enfiladas contra el dirigismo burocrático, reductor y autoritario, precisamente similar al mismo que causó el mal llamado “desmerengamiento”del Campo Socialista. (Porque fue con el mismo martillo de la hoz que se rompió el Muro de Berlín, vale decir que fue por el descreimiento y la disfuncionalidad política del modelo soviético, en cuya entraña yacía, desgastada y carcomida, la esencia revolucionaria de su origen). Allí estaban directores como Santiago Alvarez, Tomás Gutiérrez Alea y otros más que avalaban con su trayectoria artística el respaldo a la continuidad de esa vertiente crítica que siempre confrontó el acoso y repudio de esos veladores del cáliz, prístino e impoluto, de esa ideologíasin salvadores supremos, sin César ni burgués ni Dios… hoy, digamos que un tanto controvertida en la aplicación práctica de las leyes de la dialéctica. Y, gracias a esa resistencia se pudo seguir haciendo ese cine que nunca le dio la espalda a la realidad y que hasta hoy mantiene intacta su rebeldía contra los ukases y diktats burocráticos. Así también lo confirma nuestra protesta por  la pretensión de excluirnos en la toma de decisión ante la supuesta reestructuración del ICAIC (existe la pretensión oficial de legitimar instituciones erosionadas por un devenir que ha sobrepasado su capacidad de readaptación funcional para dar respuesta a nuevas exigencias impuestas por un presente muy distinto al que motivó su origen. Véase el documental, Que me pongan en la lista), y la insistencia preterida durante más de dos años para que se cree una ley de cine que avale el reconocimiento de una producción independiente y un instituto de cine que promueva y proteja el cine nacional y no que lo monopolice y controle, porque ya no hay con qué…

El caso Cremata entra dentro del debate ideológico que ha marcado el destino de un proceso que necesita mantener despierta la memoria histórica de su quehacer cultural para no seguir cometiendo y soportando errores que vulneran ese valioso tesoro cultural, termómetro crítico que ninguna censura logrará desconectar mientras seamos capaces de actuar en consecuencia y compromiso con nuestro deber ciudadano.

* Este artículo fue elaborado para ser leído en la Asamblea de Cineastas, que se realizará este sábado 31 de octubre en la sala Fresa y Chocolate. Primero fue incluído en el orden del día de la reunión, pero a última hora el Grupo 20, integrado por realizadores que abogan por una ley de cine, consideró que “no es el momento” para hacerlo. Colina optó por darlo a la publicidad acompañado por un mensaje que expresa: “Creo que no tratar el tema públicamente y callarse es plegarse a la arbitrariedad de decisiones que potencialmente nos afectan a todos como creadores, pero también como ciudadanos. No veo contradicción en que se discuta una ley de cine por la que luchamos en la que explícitamente se garantice el derecho que nos asiste para defender la cultura  contra el ejercicio de una censura que se autodenomina revolucionaria cuando en la práctica de todos estos años ha negado con sus desafueros y su mediocridad la esencia anti-dogmática que defendemos, único garante de la revitalización y reanimación de esa rebeldía que necesitamos para mejorarnos como seres humanos individual y colectivamente como pueblo”.

MG Revista de Marketing

One thought on “Tiene la palabra Enrique Colina: Sobre la censura y sus demonios”

  1. Clara Hernandez dice:

    Tremendo artículo, que por desgracia le puede costar caro a Enrique Colina, si alguno de los abundantes extremista se le encarna.
    Que mal tan extendido y perjudicial para todos es el extremismo, ha estado como la gripe, en cualquier lugar del mundo, cuanta miseria, dolor, y muerte ha causado este mal, el que al final no ha beneficiado ni al mismo que lo practica, pero que es imposible de erradicar.
    Alguien me puede decir si el autor de este articulo es el Enrique Colina, crítico de Cine que tenia un programa, creo que los sábados, en la TV.

    1. wyomia45 dice:

      Este es otro que desperto, yo si me diverti en el Payret, hice una perrisima cola pero valio en la pena, entramo y pasaron un documental larguisimo de Fidel cuando uno se levanto y grito: Ese hombre esta loco y todo el teatro grito: Se ha vuelto loco,al instante aquello lleno de segurosos,en la realidad servia para contrarevolucion,nadie podia salir me recordo un film de Luis Bunuel.

      1. Clara Hernandez dice:

        Es imposible saber cuando un cubano despierta o está fingiendo estar dormido, porque para sobrevivir allá adentro y conservar un buen trabajo, sobre todo, se tienen que hacer los chivos con tonteras.

        Yo tenía un sobrino, que murió en el mar, que cuando niño gritó en un cine, cuando salió Fidel, ” descarado cuando me darás compota” en los años 60’s así que ya sabes la risotada que se armó.

      2. Clara Hernandez dice:

        Hablando como los locos, la obra de Cremata fue censurada porque ellos saben que el Rey se muere, indiscutiblemente!

  2. jose dario sanchez dice:

    A mi me gustaria que alguien me explicara como ese senor y otros muchos senores explican su “decubrimiento” acerca de la sociedad comunista habiendo vivido en un pais donde cualquier gusano de pacotilla le hubiera podido dar una clase magistral acerca del character opresivo de este sistema.Pero claro,nunca dejaron hablar al pobre gusanillo!!!Seguro que colina piensa aun que los enemigos vendidos al imperio no son iguales que ellos,los Leales,que son cuturoso e izquierdosos…..pues que coman con la cuchara que miles de infelices cubanos han comido!!,aunque en veredad los comunistas ya tienen dientes postizos y le quedan grandes!!!Los gastaron comiendoe a los verdaderos gusanos,ni culturosos,ni izquierdosos,solo simples cubanos!!

  3. Turandor Tosca dice:

    Pero señor Colina, la represión en Cuba desde el año 1959, existe.Es historia antigua.Cuantos artistas han tenido que exilarse…., cuantos médicos represaliados por decir la verdad, ingenieros expulsados por no estar de acuerdo con la locura económica de Cuba, esos planes surrealistas y tan costosos.Se pueden hacer muchos inventos megalómanos, si te consideras el mejor del mundo y manejas a tu antojo los recursos de toda una nación, y el sudor de sus habitantes.Ahora es que Cremata se da cuenta????y usted????

  4. Latino2013 dice:

    Madre mia, que cantidad de adjetivos y majaseo verbal para decir que la politica cultural del castrismo es una reverendisima mier….., saludos

    1. Clara Hernandez dice:

      Es que si lo dice con tus palabras, va preso, saludos

  5. RogerMarero dice:

    Es decepcionante que el Grupo G-20 considere que no es el momento de hacer publico este documento. Perdieron la oportunidad de demostrar que defienden la libertad de expresión de los artistas. Si este no es el momento de hacerle frente a la intolerancia de los que no quieren un arte de pensamiento y obra independiente, ?cuando va a se el momento? Mal comienzo de otro intento de libertad. El G-2 es mas fuerte que el G-20.

  6. Edwin Schroedinger dice:

    Este hombre ha tenido muchísimo valor. El Grupo G20 (yo creo que les sobra el CERO) son una manada de cobardes sumisos que todavía creen que hay cosas que no tiene “momento”. Lo que no tiene momento es su cobardía. Una prueba de ello es que el lenguaje de Colina, pletórico de adjetivos y de giros literarios “suavizadores” AÚN no les pareció bueno.

  7. cubano libre dice:

    Abajo el comunismo,viva cuba libre.

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