Cuba, santería oficial

Santeros cubanos reunidos este lunes con el vicepresidente primero Miguel Díaz-Canel.

Santeros cubanos reunidos este lunes con el vicepresidente primero Miguel Díaz-Canel.

Por Carlos Cabrera Pérez

El que sabe no muere como el que no sabe
Proverbio yoruba

Verde con pinchos: guanábana; y con pinchitos: anón. O sea, que más claro, agua. El primer vicepresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, acaba de confirmar que una parte de los babalawos forman parte del entramado de dominación castrista, al asegurar que comparten objetivos y propósitos con el régimen.

La noticia aparece desplegada en la primera página del diario Granma y otros medios replicantes de la maquinaria oficial. Acompañado por Caridad Diego, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central, Díaz-Canel sostuvo el lunes un encuentro con los dirigentes de la Asociación Yoruba de Cuba, en el que constató que “cuando uno ve los símbolos de la asociación, aprecia que tenemos los mismos propósitos e intereses y que creemos en el mejoramiento humano”.

El anfitrión fue Antonio Castañeda, presidente de la Asociación Yoruba de Cuba y el segundo diputado menos votado para la Asamblea Nacional, con el 73.6 por ciento, según estadísticas oficiales.

Cultura de la pobreza

La cultura de la pobreza impulsada por el castrismo ha conseguido alienar a buena parte de la población, que se ha entregado con entusiasmo a las prácticas de la Regla de Ocha como si los orishas de fundamento pudieran traer la libertad, la independencia y la riqueza a la isla, cuando no lo han conseguido ni para yorubas o bantúes en la mísera África.

El castrismo, un poder blanco y excluyente que 54 años después de llegar al poder anda buscando negros, mulatos y mujeres para equilibrar la representatividad racial, ha usado la santería para consolidar su estructura totalitaria y contrarrestar -sobre todo en los años de dura pugna- a la Iglesia Católica, que ha tragado con casi todo.

Mguel Díaz-Canel reunido con santeros en la Asociación Yoruba de Cuba. Foto: Granma

Mguel Díaz-Canel reunido con santeros en la Asociación Yoruba de Cuba. Foto: Granma

Lamentablemente, la tiranía no ha estado sola en este empeño. Muchos santeros se han prestado al juego para vivir un poco menos mal que sus ahijados; muchas familias blancas, católicas y decentes han tenido que asumir modas y modos de aseres y ecobios para sobrevivir en el mapa de mala educación generalizado; turistas de todas partes del mundo haciéndose santos por decreto del CUC; e intelectuales nacionales y extranjeros, abrazados al sincretismo de ocasión.

En Cuba no hubo sincretismo, porque los colonizadores españoles impusieron su fe y hasta sus apellidos a sus esclavos negros que se vieron obligados a asumir la fe católica de sus amos, trasmutando sus deidades en vírgenes y santos cristianos. Pero fue dominio, imposición, no mezcla de culturas, como pretenden oportunistas de toda clase y condición.

La población está parcialmente justificada porque les ha ocurrido como a los esclavos: no les ha quedado más remedio que tragar con lo dispuesto por el monólogo totalitario, exiliarse o inxiliarse. Pero los intelectuales comprometidos pasaron de esconder a Lydia Cabrera, por ejemplo, a participar activamente en la arqueología cultural que practica el castrismo con los muertos que vivos fueron incómodos.

Si alguien saliera ahora mismo por La Habana preguntando por Rómulo Lachatañeré es muy probable que pocos puedan decirle que fue un dirigente comunista y estudioso de la santería que falleció en un accidente aéreo en 1952; son los riesgos que tiene el intentar reescribir la historia a imagen y semejanza del caudillo Made in Jesuitas.

De Martí al plátano microjet

Y como la revolución fue una desde Céspedes hasta los Castro, con Martí como autor intelectual hasta del plátano burro por microjet (la mariquita más cara del mundo), pues ya sabéis que no hay cama para tanta gente, aunque el poder siempre esté dispuesto a contar con arrepentidos como Miguel Barnet, autor del espléndido Cimarrón, y quien ha vuelto a casa como el hijo pródigo extraviado en Solentiname.

Pero los que no tienen perdón, son todo ese ejército de intelectuales y periodistas oficialoides, venidos de mundos aparentemente cartesianos, quienes han asumido a Changó y Yemayá como sus padres, y han vuelto a las democracias en las que viven confortablemente para anunciar la buena nueva que Orula les abrirá las puertas a todos los pobres del mundo en el nuevo milenio.

La porción de aliados extranjeros del castrismo por diversas razones -odio a Estados Unidos, frustración personal en sus países de origen y su condición humana miserable- ha encontrado en la neobrujería cubana el surrealismo de Bretón, que alimenta sus filias y sus fobias, a golpe de tambor del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y otras medidas activas del régimen.

¿Qué castigo establece la Regla de Ocha para quienes se hagan el santo, aunque ningún orisha haya reclamado previamente su cabeza? ¿Qué castigo establece la Regla de Ocha para quien defienda a un régimen totalitario monoteísta?

Ideales traicionados

La miseria castrista y la pobreza de nuestros hermanos y hermanas en la isla ha terminando atrayendo a una legión de miserables, que enmascaran sus instintos depredadores en la supuesta defensa de un ideal traicionado por la cúpula castrista y sus seguidores, incluidos los santeros que meses atrás montaron varias farsas de exaltación por el moribundo Hugo Chávez en La Habana.

Por si fuera poco, las cifras oficiales de los dos últimos censos de población no dejan dudas de que los negros y mestizos cubanos son los que en peores condiciones socioeconómicas viven en la isla, como si sus poderosos orishas los hubieran condenado a cien años de soledad.

¿Cómo es posible entonces que muchos cubanos acudan a mirarse con un santero para saber si van a tener salud, dinero y amor? En otras palabras, si podrán viajar al extranjero con buen desenvolvimiento, porque juntar esa trinidad en la Siempre Fiel Isla de Cuba es más complicado que hacer pasar un camello por el hueco de una aguja.

Sencillamente porque el régimen consiguió que mucha gente asumiera la santería como parte del sainete nacional, hasta el punto de que la famosa Letra del Año es seguida con vivo interés por una mayoría, como esperando que llueva café en el campo.

Sangre derramada y sufrimiento

Ocurrió que en sus predicciones recomendaban no tirar agua a la calle el siguiente 31 de diciembre, como marca la tradición, porque dicha agua “podría convertirse en sangre derramada y sufrimiento”. La lectura era evidente, pero algo pasó cuando la noticia empezó a recorrer el mundo y los letristas lucumíes salieron inmediatamente a la palestra para aclarar que se referían al Polo Norte.

Tremendo, porque tanta simulación a la fuerza no solo garantiza el control totalitario, sino que provoca mutaciones hasta en el ADN nacional, convirtiendo a uno de los pueblos más ¿cultos? del mundo en un teatro de máscaras, donde casi toda lealtad alcanza hasta la siguiente orden divina.

La grosería castrista -consentida parcialmente por casi todos nosotros- ha contaminado el esqueleto social cubano, transformando a la mayoría en seres en penumbras y acomodaticios, expertos en miedos, fingimientos y traiciones, por mucho que las autoridades aren en el mar y al personal que discrepe -otro acto de reiterado fariseísmo.

Solo nos queda la esperanza en la primera regla de oro de la Santería: todo lo que hagas contra otros, se volverá contra ti. Si así fuera, al menos cabría la esperanza de que los Orishas de fundamento traigan una mejor vida para sus ahijados, aunque la cuota de sufrimiento ha sido mucho más de lo imaginado para alcanzar la tierra prometida.

El creyente de Jacomino

Los que perdieron un buen empleo o una buena carrera universitaria por tener creencias religiosas o aquel señor de Jacomino (barrio habanero), trabajador ejemplar en el sector del transporte urbano, quien murió a consecuencia de las quemaduras sufridas, intentando borrarse a la Santa Bárbara tatuada en su espalda, en promesa por la salvación de su hermano. El trágico incidente sobrevino tras anunciarle que sería elegible para integrar las filas del glorioso Partido Comunista de Cuba, en el que militaron Rómulo Lachatañeré y Aracelio Iglesias, entre otros practicantes del animismo.

En el ¿quinquenio? gris, un burócrata del aparato de gira por municipios y provincias se permitió una revelación a su auditorio: TASS está autorizada a informar que el compañero Aracelio Iglesias estaba autorizado por la entonces dirección del Partido Socialista Popular (PSP) a hacerse abakuá y santero (son cosas diferentes) para facilitar su liderazgo entre los obreros portuarios.

Poco importa, si cumplía una orientación bajada o fue una inspiración de Oggum. El orador sabía que estaba actuando dentro de la revolución, que ya sabemos que es -entre otras muchas cosas- cambiar todo lo que deba ser cambiado y no mentir jamás.

Pobres santeros, sincretistas, aduladores y miserables de toda clase, que se han prestado al juego sucio de poner una fe politeísta al servicio del totalitarismo castrista. Ese ejército de vividores debía saber que un perro tiene cuatro patas, pero siempre coge un solo camino. Ellos ya eligieron; el perro todavía.

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