La guerra de las Malvinas y el largo brazo de Fidel Castro
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- Publicado el Domingo, 29 Abril 2012 09:50
- Por Juan Reinaldo Sánchez
Por Juan Reynaldo Sánchez*
¿Hasta dónde llegó el compromiso y la colaboración del gobierno cubano con Argentina durante el conflicto de las Malvinas hace 30 años?
La pregunta cobra actualidad luego de que días atrás el diario brasileño O Globo revelara documentos secretos oficiales que indican que La Habana intercedió en la participación de la Unión Soviética en la confrontación bélica, favoreciendo los envíos de armamentos a través de Libia.
La reclamación de las Islas Malvinas por parte del gobierno de Argentina culminó con la invasión de su ejército el 2 de abril de 1982. Para entonces ya yo llevaba más de cinco años como escolta personal de Fidel Castro y puedo asegurar que meses antes de que comenzara el enfrentamiento entre Gran Bretaña y Argentina, ya el presidente Leopoldo Galtieri habia enviado varios emisarios a Cuba para tratar de obtener el apoyo de Castro en esta contienda.
A Fidel Castro no le gustaba Galtieri ni su gobierno y buscó una alternativa que no lo comprometiera mucho a nivel internacional. El 3 de junio de 1982 se entrevistó con el canciller Nicanor Costa Méndez en el Palacio de Convenciones de La Habana. Costa Méndez asistió a la reunión preparatoria de la VII Cumbre de Países No Alineados, organismo que presidía Castro desde 1979. En esa reunión participó además ell comandante Manuel Piñeiro Losada, alias Barba Roja, jefe del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista, una entidad que actuaba -y sigue actuando- como una dependencia más de la inteligencia cubana.
Enviados de Barba Roja
Allí Castro se comprometió ante Costa Méndez a hacer todo lo que estuviera a su alcance para apoyar a Argentina, pero desde una posición solapada y sin trascendencia internacional. De hecho, durante el tiempo que duró la acción militar entre estos dos paises, o sea, del 2 de abril al 14 de junio de 1982, compareció públicamente en dos ocasiones y en ningún momento mencionó siquiera el conflicto de las Malvinas: la primera fue el 4 de abril en la clausura del IV Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas en el Teatro "Carlos Marx" de la capital cubana, y la otra, el 17 de mayo.
Pero el proceder cubano ya estaba estratégicamente definido. Castro había orientado a Piñeiro que organizara los viajes de enviados por varios paises de América Latina con el objetivo de explicar a las organizaciones de izquierda la postura de Cuba. Las misiones salieron de inmediato rumbo a Venezuela, Perú, Nicaragua y hasta la propia Argentina.
Aunque no se hicieran fuertes declaraciones internacionales, Castro quería dejar bien claro ante sus aliados ideológicos que Cuba estaba de acuerdo con el reclamo de Argentina sobre el territorio de las Malvinas. La esencia del mensaje era que la postura cubano no significaba una demostración de simpatía hacia el gobierno de Galtieri -que por entonces masacraba y desaparecía desafectos sin escrúpulos- sino que se trataba de un problema de solidaridad y soberania nacional.
De esa manera, salieron hacia Argentina y otros paises del área José Arbezú, a la sazón segundo jefe del Departamento América, y Antonio López, funcionario de esa entidad. Paralelamente Castro intercedió ante el Kremlin para garantizar el respaldo militar a las tropas argentinas.
Armas desde Libia
Como prueba de la efectiva labor de propaganda del gobierno cubano en América Latina respecto a este tema debe recordarse que el dia 4 de abril, dos dias después de comenzar el comflicto, Venezuela apoyó públicamente a Argentina; el 5 lo hizo Perú; el 6 se expresó la Nicaragua sandinista; y ya el 7, la URSS deslizó declaraciones oficiales de apoyo al reclamo argentino.
Los soviéticos asumieron una posición similar a la adoptada por Castro, sin exponerse mucho públicamente. Entre Moscú y La Habana se crearon las condiciones necesarias para que el armamento soviético enviado a Libia se trasladara a Argentina a través de Brasil. Oficiales del departamento M-XXX (que atiende Africa) de la Dirección de Inteligencia cubana viajarían a Libia mientras que funcionarios del Departamento América lo harían hacia Argentina con la misión de garantizar el envío y entrega de dichas armas.
El 9 de abril, las autoridades brasileñas interceptaron un avión cubano que voló clandestinamente con un funcionario de La Habana rumbo Buenos Aires para comunicar a los argentinos que los envíos de armas se harían a través de Libia por deseo de los soviéticos. A pesar de que no existían relaciones diplomáticas entre Brasil y Cuba, el régimen militar de João Figueiredo accedió a permitirle continuar el viaje después de una negociación de seis horas con Argentina.
Los vuelos de Aerolíneas Argentinas con armas entre Libia y Buenos Aires hacían escala en Recife, Brasil, según reportes del Consejo de Seguridad Nacional de Brasil. Los viajes comenzaron el 26 de mayo de 1982 y llegaron a alcanzar una frecuencia de dos por día.
En el lenguaje de la inteligencia cubana, la acción argentina por la toma de las Malvinas se nombró "Operación Rosario" y la respuesta militar inglesa, "Operación Corporate".
Los muertos de Castro
Es de reconocer que Fidel Castro sabía desde un inicio que el enfrentamiento bélico resultaría en una total derrota para el gobierno argentino, pues informes de inteligencia y de otras fuentes le habian dado pruebas de que el Reino Unido no se cruzaría de brazos ante los hechos.
Los reportes indicaban que lo que realmente buscaba Galtieri con estas acciones era quitarse de encima la presión popular que gravitaba sobre su gobierno (cualquier similitud con los sucesos que tienen lugar por estos días a cargo del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no es pura coincidencia). Sin embargo, a Castro no parecieron importarle mucho las vidas de los soldados de ambos lados que morirían en la campaña, pues había una fuerza mayor en juego: su odio visceral contra Gran Bretaña y Estados Unidos.
Por eso, suenan huecos los recientes reclamos que Castro le hiciera a José Miguel Insulza, titular de la OEA, por no haber tocado el tema de las Malvinas en su discurso en la VI Cumbre de las Américas, celebrada en Colombia.
Que Castro le exigiera a Insulza "reclamar el respeto a la soberanía de los países de este hemisferio" es un verdadero chiste. Hizo bien Insulza en recordarle el irrestricto apoyo de la organización a una solución pacífica sobre el tema de las Malvinas. Porque, sin dudas, sobre la cabeza del dictador cubano pesan también algunas de las muertes que ocasionó la guerra de las Malvinas.
*Juan Reynaldo Sánchez fue escolta personal de Fidel Castro entre 1968 y 1994, con grados de teniente coronel. Fue destituido y cumplió prisión en Cuba. Logró abandonar la isla en el 2008 y actualmente reside en Miami. Tiene en preparación un libro sobre su experiencia en la seguridad personal del gobernante cubano.
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