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La Guayaba de Cartón: Dirigente cubano fabrica otra Manzana de Gómez

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Manzana de Gómez, impomente centro comercial habanero.

Manzana de Gómez, impomente centro comercial habanero.

Los funcionarios cubanos que salen al exterior y lanzan declaraciones sobre los cambios emprendidos por el gobierno de Raúl Castro están realmente subiéndole la parada a la historia patria.

Hace pocos días el canciller, ex director de Juventud Rebelde y crítico de cine Bruno Rodríguez Parrilla (lo de crítico de artes se conoce por su apasionado análisis de la película Alicia en el pueblo de Maravillas en 1991), provocó una ola de reacciones sobre el escalafón de macetas exiliados, en términos de los  300, 500, mil millones de dólares que reclama la economía nacional. Pero realmente las propuestas de Bruno en su reunión con un grupo de “emigrados respetuosos” en Nueva York quedan muy por debajo de la pedrada que lanzó esta semana el dirigente partidista Juan Carlos Frómeta en República Dominicana.

Además de balbucear algunas frases de rutina sobre la “revolución en la revolución” que se produce en la isla, el crecimiento del 3.1 por ciento de la economía nacional y la voluntad de Raúl Castro para que el relevo tome pronto las riendas del poder (generosos que son los bisabuelos cuando se cansan de mandar por 50 años), Frómeta pasó a realizar un verdadero aporte arquitectónico que seguramente  inquietó a su compañero de filas partidistas e historiador de La Habana, Eusebio Leal.

Según declaró Frómeta al Listín Diario, “los cubanos ven como un héroe cubano al general dominicano Máximo Gómez, razón por la que han remodelado la Manzana de Gómez en La Habana, finca donde vivió el general y que ha sido remodelada”.

Aquí habrán de detenerse arquitectos e historiadores, porque Frómeta ha cambiado -de un rafagazo verbal- el origen de la histórica edificación de San Rafael y  Monserrate, en pleno corazón de la Vieja Habana.

Una finca en la imaginación

Hasta donde sabíamos, la Manzana de Gómez no debe su nombre al Generalísmo, venerable patricio de las guerras de independencia, sino al acaudalado clan familiar Gómez Mena, dueño de cuatro centrales azucareros y de buena parte de las riquezas del país. El portentoso edificio fue terminado a comienzos del pasado siglo por la ilustre familia, con el impulso de José Gómez Mena Vila, convirtiéndose en el primer centro comercial moderno que tuvo la república. Allí estuvieron ubicados el banco y las oficinas de la compañía azucarera de los Gómez Mena hasta que llegó la revolución de 1959 y ya sabemos lo que pasó.

De “la finca” a que alude el dirigente de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista no se sabía nada hasta ahora. Hubo allí murallas, pero fueron demolidas hacia 1863. O tal vez se refiera a la vieja quinta de Calabazar de La Habana, adonde fue a vivir Gómez en 1900 tras su destitución como General en Jefe del Ejército mambí. En todo caso eso está un poco alejadita de la Manzana en discordia.

Hay que perdonar a Frómeta por este lapso -acaso ocasionado por la influencia de algún profesor emergente- y agradecerle la buena intención de pensar en los patriotas de la independencia antes que en los ricos. ¿O se trata de una versión macarrónica que el Listín Diario le endilgó al visitante, invitado por el Movimiento Izquierda Unida (MIU) de República Dominicana?

Sea como sea, el disparate echó vuelo y el hombre necesita que le enmienden la plana. Máximo Gómez no necesita de la Manzana para ser grandioso en la historia cubana, ni los Gómez Mena despojados de su mérito como reales fundadores del atractivo lugar. Por esas cosas del destino, quizás entre los descendientes de los Gómez Mena y otros exiliados con fortuna logren reunir los 300, 500, mil millones de dólares que Bruno y compañía reclaman como pasaporte de crédito a quienes fueron expropiados de sus riquezas hace 50 años y quieran sumarse a invertir en el país que destartalaron los actuales jefes de Frómeta.

Definitivamente, a partir de ahora tendrá que hablarse de la Guayaba de Bruno y de la Manzana de Frómeta.