Polémica museológica en Miami

Museo de la Diáspora Cubana, una larga historia de fundación.

Por Miguel Fernández Díaz

Una nueva controversia museológica y política se cierne sobre el sur de la Florida. 

El gobierno del condado Miami-Dade asignó $10 millones de dólares al noble empeño de un Museo Cubano en 2004. La primera piedra se colocó en junio de 2007 y la ejecución de la obra civil -la conversión de un local de ensayos de la Gran Opera de Florida en cuatro salas de exhibición- demoró tanto que el pregonado Museo Cubano vino a inaugurarse a mediados de noviembre de 2016 como rimbombante Museo Americano de la Diáspora Cubana con la muestra Dictadores, Terrorismo, Guerra y Exilios, del artista cubanoamericano Luis Cruz Azaceta.

 En inusual práctica del gremio, la exposición inaugural de 32 piezas de Cruz Azaceta se mantuvo medio año y pico hasta que dio paso a una ocurrencia más inusual: la muestra Art & Luxury Showcase, que con pescaditos y otras obras de tufo comercial anunció de refilón, el mes pasado, con qué vendría la revista neoyorquina Art Bodega Magazine a la feria Art Basel (Miami Beach, Diciembre 7-10, 2017).

Un programa peculiar

Entretanto el museo aprovechó su espacio para darle un agasajo al disidente cubano Jorge Luis García Pérez, Antúnez en mayo, en el cual abogó por restablecer la regla “pies secos/pies mojados”, así como para lanzar su libro Crónicas del presidio en octubre; acomodó en su oficina administrativa al Instituto de Estudios Cubanos (IEC), sucesor del ICCAS, y dio también espacio en la sede a Carlos Díaz-Rosillo, funcionario de la administración Trump, quien durante una presentación organizada por el IEC aseveró: “Estamos preparados para cualquier escenario en Cuba”.

El museo había cancelado una exhibición programada para junio, al suspender la colaboración con la Fundación Cintas luego de que esta última cambiara su agenda con el anuncio de que otorgará becas a residentes en la Isla. Y se dice que ahora está preparando un homenaje por el aniversario 40 del estreno de la obra El Súper (Nueva York, 1977), del dramaturgo y cineasta cubano exiliado Iván Acosta.

A poco más de un año de inaugurado, el museo opera con Ileana Fuentes como directora y Carisa Pérez-Fuentes, su hija, como consultora de diseño. No tiene plan museológico ni posibilidad de adquirir obras para atesorarlas en determinado espacio. No hay idea de catalogación ni de cuál sería la exposición permanente, porque no hay estudio de qué piezas serían representativas ni qué personal necesario para cumplir la misión declarada de escribir, conservar, celebrar y contar “la historia cultural desarrollada en la diáspora por el pueblo cubano”.

Filosofía del dinero

Desde luego que para todo eso hay que tener dinero y a fines de septiembre Fuentes dijo que el museo, levantado sobre las espaldas de los contribuyentes, enfrentaba “una crisis financiera”. En consecuencia, los comisionados del condado acordaron, en votación de 7 contra 6, desviar hacia el museo de Fuentes $550 mil dólares de la subvención de $4 millones prometida al Pérez Art Museum Miami (PAAM).

El demiurgo de PAAM, Jorge Pérez, acaba de poner el grito en el cielo. Un grito donde confluyen política y negocios con el argumento de que, si el Museo Americano de la Diáspora Cubana (MADC) está en quiebra, el gobierno condal tendría que sacar el dinero del rescate de todos y cada uno de los museos del condado sobre bases equitativas antes que quitárselo nada más que al PAMM.

Pérez interpreta el tajo a PAMM como cierto castigo por la muestra On the Horizon de arte contemporáneo cubano, que incluye artistas residentes en Cuba, como Elizabet Cerviño, quien macera a diario pétalos de flores en performance concebido para celebrar la primavera. Pérez viajó a La Habana con la delegación del presidente Barack Obama y aunque manifiesta que no simpatiza con el régimen castrista, tampoco vacila en tachar el embargo como ademán político fallido que sólo arroja como resultado el sufrimiento de los cubanos dentro de la Isla.

Tintes Políticos

Por el contrario, Carisa Perez Fuentes, como vocera del MADC, alega que “nuestros museos [y] dólares de los contribuyentes están siendo usados para introducir la agenda política y cultural de Cuba en Estados Unidos”. Sólo que el director PAMM, Franklin Sirmans, replica que no se ha gastado un quilo del museo en artistas residentes en Cuba, sino que para comprar sus obras se han utilizado nada más que fondos donados por Pérez con tal propósito.

La ocurrencia de sacar dinero del PAMM para rescatar por ahora al MADC provino de Bruno Barreiro, quien recibió el apoyo de otros seis comisionados de origen cubano. Todos niegan haber actuado así para castigar a PAMM por On the Horizon.

Sin embargo, la comisionada Daniella Levine Cava, quien se opuso a la ocurrencia de Barreiro, asevera que la votación se vio influida por la sensibilidad de los cubanoamericanos y auguró que el alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, buscará fuentes alternativas de subsidio para PAAM.

Lo que sí no se vislumbra por ningún lado es qué otras fuentes, más allá de esta movida de Barreiro, podría encontrar el MADC para despegar como el museo que se pinta.

MG Revista de Marketing

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