La guayaba de cartón: Robándole fincas al mar

Pues resulta que en medio de la batalla por producir alimentos y disminuir importaciones, a una pareja de residentes de Caibarién, provincia de Villaclara, les dio por subir la parada y lanzarse a “robarle” tierra al mar para cosechar malanga, habichuela, yuca, boniato y otros cultivos de frutas y vegetales.

La prensa oficial se lanzó rápidamente a ensalzar la hazaña de  los intrépidos viejitos junto a sus hijos, quienes lograron -según el artículo aparecido en Granma- rellenar de “materia orgánica proveniente de un basurero cercano” el pedazo arrebatado a mar.

El Grupo Nacional de Agricultura Urbana se apresuró en otorgarles un premio de excelencia por la inventiva.

El voluntarioso ejemplo de Porfirio Guevara y Martha Vázquez tal vez desate un oleaje de nuevos conquistadores del mar, deseosos de resolver las carencias alimentarias que golpean a los cubanos.

Pero tal vez la solución sea más fácil y menos riesgosa. Según las estadísticas oficiales, el país cuenta con 1.7 millones de hectáreas ociosas, de las cuales entregó ya en usufructo el 56 por ciento en virtud del Decreto-Ley 259 del 2008.

Sin embargo, hasta ahora sólo el 46 por ciento de las tierras estatales concedidas a campesinos y cooperativas está aún sin producir por causas que van desde el suministro de recursos hasta la invasión del marabú.

Quedan además en el panorama otros tres millones de hectáreas estatales donde la producción es insuficiente. En suma, la mitad de las áreas cultivables del país está ociosa o medianamente productiva.

Antes del magno esfuerzo de hurtar pedacitos de mar, parece más razonable dedicarse a cultivar la tierra improductiva que ya existe y que sólo hay que arrebatársela a la ineficiencia y la desidia gubernamental.

Una finca “robada” al mar
FREDDY PEREZ CABRERA

CAIBARIÉN.— Al viejo Luis Martín lo tildaron de loco cuando habló de robarle un pedazo al mar con el objetivo de dedicarse a la producción de alimentos.

Todavía recuerda el día en que comentó la idea a un grupo de pescadores amigos del barrio, quienes, ni cortos ni perezosos, le dijeron “olvídate de esa idea, que con el mar no hay quien pueda. Si quieres, dedícate a la pesca, que vas a salir mucho mejor”.

Mas, el consejo no lo amilanó en su propósito. Obstinado como siempre ha sido, convocó a sus tres hijos a una reunión familiar y les expresó la determinación de utilizar el espacio trasero del hogar para entretenerse sembrando algunas cositas que pudieran ayudar al sostén de la familia.

A los pocos días Daniel, Gabriel y Marcos, los hijos, con la guía del veterano, comenzaron a abrir canales por donde el agua pudiera salir y dejar libre el área fangosa, a la vez que cortaban el mangle y toda la vegetación que cubría la zona.

La guayaba completa, aquí.

MG Revista de Marketing

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *