Sentencia judicial: Cuba conocía labor de Alan Gross desde el 2004

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Gross junto a representantes de la Comunidad Hebrea de Cuba, el pasado diciembre.

Gross junto a representantes de la Comunidad Hebrea de Cuba, el pasado diciembre.

Por Wilfredo Cancio Isla

La inteligencia cubana conocía las labores del contratista estadounidense Alan P. Gross desde mediados del 2004, cuando viajó a La Habana con la misión de entregar una cámara de video y medicamentos a un líder masón que resultó ser agente de la Seguridad del Estado.

De acuerdo con la sentencia judicial del caso, el cardiólogo infantil José Manuel Collera Vento, Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba, recibió de manos de Gross un paquete enviado por Marc Wachtenheim, director de un proyecto destinado a promover cambios democráticos en la isla con financiamiento del gobierno de Estados Unidos.

Hasta el 2010 Wachtenheim fungió como el director del programa “Iniciativa para el desarrollo de Cuba” de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), que recibía fondos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Testimonio clave

El testimonio de Collera Vento fue clave en el juicio contra Gross, según revela la sentencia. Otro agente destapado por la Seguridad del Estado, Raúl Antonio Capote Fernández, también sirvió como testigo en el proceso contra el contratista, condenado a 15 años de cárcel en marzo del 2011.

El documento -de 18 páginas- señala que Gross “arribó a La Habana el 26 de junio del 2004 y en esta ciudad cumplió el encargo, recibiendo a cambio la suma de 400 dólares estadounidenses aproximadamente, provenientes de los fondos de la FUPAD, cuando días después regresó a Estados Unidos”.

Para esa fecha Collera Vento, el “agente Duarte” devenido luego “agente Gerardo”, rendía ya cuentas a la Seguridad del Estado y conocía de los planes de la FUPAD por boca del propio Wachtenheim.    

Collera Vento conoció a Wachtenheim  durante una visita a Washington el 2001. En esa oportunidad ambos visitaron el Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado, y se entrevistaron con el entonces subsecretario de Estado, Otto Reich, y Frank Calzón, director del Centro para una Cuba Libre. La visita sirvió también para que Collera Vento recibiera la Medalla de la Libertad del Congreso de Estados Unidos.

La sentencia relata que durante esas reuniones se manifestó abiertamente “la necesidad de poner fin al proceso revolucionario cubano y crear las condiciones para una transición política en Cuba”, y que Wachtenheim le habló de planes para instalar redes informáticas inalámbricas en las logias masónicas de la isla, sin ser detectadas por las autoridades cubanas.

Misión de alta tecnología

Fue Wachtenheim quien en 2007 contactó nuevamente a Gross para que adquiriera equipos de telecomunicaciones de alta tecnología para introducirlos en Cuba, entre ellos un equipo de conexión satelital BGAN.

El equipo BGAN permitía el acceso a internet a través de satélites del operador Inmarsat, obviando los canales nacionales de conexión sin que pudiera ser detectado. Para la adquisición del equipamiento, Gross recibió $5,500 dólares provenientes de las cuentas de FUPAD.

A partir del 2008, Gross se sumó al programa Democracia para Cuba, auspiciado por la empresa Development Alternative Inc (DAI), con sede en Maryland. El proyecto, impulsado por la USAID, buscaba romper el bloqueo del régimen cubano sobre el libre acceso a la información.

En total, Gross realizó siete viajes a Cuba y logró crear tres redes inalámbricas con BGAN en la Comunidad Hebrea de La Habana,  la Comunidad Hebrea de Camagüey y la Congregación Hebrea de Santiago de Cuba. Tras la puesta en práctica del proyecto, la remuneración se elevaba a $258,274 dólares.

Representantes de esas congregaciones hebreas brindaron testimonio para la acusación judicial. De acuerdo con la sentencia, Gross les hizo creer que se trataba de una donación para mejorar la comunicación entre la comunidad judía.

Arresto nocturno

El funcionamiento de las redes inalámbricas entre las comunidades judías estimuló la iniciativa de un  proyecto similar para las logias masónicas en la isla.

El documento judicial añade que el 2 de diciembre del 2009, Gross se citó con el ciudadano estadounidense Akram Elias, ex Gran Maestro de la Logia Masónica de Washington, para una reunión que se realizaría al día siguiente en el Hotel Nacional de La Habana. En ese encuentro, ambos pretendían ultimar detalles para implementar el plan en instituciones de la masonería cubana.

Pero Gross fue la noche del 3 de diciembre del 2009, un día antes de su regreso a Estados Unidos.

En la sentencia se menciona además la declaración de Capote Fernández, “agente Daniel” de la Seguridad del Estado, quien dice haber recibido un equipo BGAN en abril del 2008. El agente se servía del equipo satelital para comunicarse con Wachtenheim y supuestamente pasarle información de la actualidad cubana.

El BGAN de Capote Fernández se averió y debía ser cambiado, pero Rene Greenwald, asistente de Wachtenheim, lo llamó para advertirle que la persona designada para el reemplazo “había sido detenido en La Habana por haber cometido una serie de descuidos”.

Agentes destapados

Collera Vento y Capote Fernández fueron destapados por los órganos de la Seguridad del Estado a través de la serie especial Las razones de Cuba, transmitida por la televisión nacional en marzo del 2011.

A raíz de la detención de Gross, las autoridades cubanas desataron un meticuloso rastreo para tratar de localizar otros equipos BGAN que pudieran haberse introducido en el país burlando los controles de aduana o mediante vías alternativas.

Agencias internacionales de prensa, entidades extranjeras y organismos no gubernamentales acreditados en La Habana fueron objeto del escrutinio de la inteligencia cubana, según testimonios obtenidos por CaféFuerte.

El dictamen judicial refleja además que Judy Gross, esposa del contratista, habría interpuesto una demanda contra la DAI a nombre de su familia, según declaración jurada en poder del tribunal.

El documento contiene una detallada relación de los testigos y expertos interrogados en la causa, así como de los equipos y pertenencias incautados al acusado.

Gross, de 62 años, se encuentra cumpliendo condena en el Hospital Militar “Carlos J. Finlay” de La Habana, afectado por numerosos problemas de salud. Dos representantes de la comunidad judía cubana lo visitaron en ocasión de las celebraciones de Hannukah, a fines de diciembre.

La pasada semana, las autoridades cubanas salieron al paso a un reciente editorial de The Washington Post que exige la liberación inmediata del contratista y afirma que Estados Unidos no debe ceder a la extorsión del régimen de La Habana.

El gobierno de Raúl Castro ha manifestado disposición a buscar una “salida humanitaria” al caso de Gross a cambio de que Washington acceda a excarcelar a los cinco espías cubanos que cumplen largas condenas en Estados Unidos. El Departamento de Estado ha rechazado insistentemente la opción de un canje.

Cobertura completa del caso de Alan Gross

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