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Murió Armando Roblán, el hombre que teatralizó a Fidel Castro

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Por Wilfredo Cancio Isla

Armando Roblán (izq.) en una de sus primeras caracterizaciones de Fidel Castro en 1959.

Armando Roblán (izq.) en una de sus primeras caracterizaciones de Fidel Castro en 1959.


Hizo su fama de comediante en la Cuba republicana caracterizando a celebridades como Nat King Cole, Maurice Chevalier, Josephine Baker y Bola de Nieve. Conquistó la risa de sus compatriotas en los escenarios teatrales y la televisión en la isla y en el exilio. Pero Armando Roblán será recordado para siempre por sus sátiras esperpénticas del personaje que le obligó a abandonar su patria para siempre: Fidel Castro.

Roblán falleció este miércoles en su casa de Coral Gables a las 4:20 a.m. víctima de un linfoma, según informaron fuentes familiares. Tenía 81 años, cinco menos que el personaje que fue blanco de sus dardos humorísticos y sigue vivo en La Habana.

Imitador por excelencia de Castro desde su llegada al poder en 1959, Roblán hizo del dictador cubano un estereotipo clásico, con los atributos típicos del personaje: la barba, la gorra, el traje verde olivo y el tabaco.

Sus obras en el Teatro Martí de Miami y luego en el Teatro Trail de la Calle Ocho -local que alquiló en 1993- marcaron una época en Miami en momentos en que arreciaba la crisis económica y social en Cuba tras el derrumbe del sistema socialista y el desplome de la Unión Soviética. Los espectáculos llegaron a atraer al teatro a congresistas cubanoamericanos, que llegaron incluso a motivar el título de las obras: Con Lincoln y con Ileana, volveremos a La Habana.

Pilar del bufo cubano

“Fue un artista extraordinariamente laborioso que mantuvo viva la tradición del teatro bufo cubano en el exilio”, comentó el crítico y periodista José Antonio Evora. “Era capaz de hacerlo todo en las obras que presentó en el Teatro Trail, desde escribir los libretos, protagonizar varios personajes y hacer el vestuario, hasta encargarse de la iluminación, pintar la escenografía y manejar la publicidad del espectáculo… un teatrista total”.

Evora conoció a Roblán en 1993 a raíz de una investigación sobre el teatro costumbrista en el exilio, patrocinada por la Beca Guggenheim. Desde entonces entablaron fuertes relaciones de amistad y colaboración.

El periodista destacó la cordialidad, simpatía y voluntad de cooperación del actor, que le tendió la mano sin reservas ni prejuicios de ningún tipo, a pesar de que en aquel momento Evora residía oficialmente en La Habana.

“Para mí fue escalofriante enfrentarme por primera vez en 1992 a una ridiculización de Fidel Castro, fue una experiencia desmitificadora que me hizo comprender de un tirón la importancia del bufo en la cultura cubana”, recordó Evora, que conserva varias horas de grabación con el actor para un libro en preparación.

Nacido el 4 de febrero de 1931 en el poblado de Bejucal, al sur de La Habana, Francisco Armando Rodríguez Blanco -que era su verdadero nombre- era hijo de un tabaquero y una costurera, pero decidió desde muy joven que su camino era la pintura.

De la pintura a la actuación

Logró matricular Pintura y Escultura en la famosa Academia de San Alejandro de La Habana y decidió probar suerte en un programa de talentos aficionados haciendo caricaturas en Telemundo Canal 2, de Gaspar Pumarejo, en 1950. Estaba naciendo la televisión cubana y con el éxito ante la audiencia pronto empezó a descubir el encanto de la actuación.

Sus imitaciones de personajes pegaron en la audiencia de Telemundo, donde el artista se fogueó también en el conocimiento de la producción televisiva, descubriendo las labores de iluminación, escenografía y escritura de libretos que se fraguaban detrás de las cámaras.

Para mediados de la década de los 50, Roblán era ya un comediante conocido en la radio, la televisión y los clubes nocturnos de La Habana, y se sumó a los espectáculos de Garrido y Piñeiro, por entonces el más popular dúo humorístico del país.

Cuando Fidel Castro asumió el poder en 1959, Roblán comenzó a imitarlo en el teatro y la vida pública. Caracterizado como el joven y mesiánico líder revolucionario, Roblán aparecía en las piezas de Garrido y Piñeiro en ell Teatro Martí de La Habana. Todavía el control gubernamental sobre los medios de comunicación y los espacios culturales no era total y se permitían libretos y chistes alusivos a Castro y a la actualidad nacional. En ocasiones Castro asistió a las funciones y elogiaba a su intrépido imitador en el escenario.

Pero pronto el clima político y social comenzó a cambiar y Roblás se vio atrapado entre la actuación y la vida real, considerado como un doble de Castro. A comienzos de 1959 se adelantó a la presencia del líder en una convención internacional de agentes de viajes que se celebraba en La Habana, según reseño el diario Revolución.

La hora de partir

En ocasiones era confundido en plena calle con el gobernante. Muchas veces recibió peticiones, ofrecimientos y hasta solicitudes femeninas que lo identificaban con la imagen del líder. Pero también comenzó a recibir reproches y exigencias de personas afectadas por la oleada revolucionaria. Y el artista decidió que era la hora de partir con su familia al exilio.

Roblán abandonó la isla el 14 de septiembre de 1961. Sin muchas posibilidades de trabajo en Miami, recibió una oferta para realizar un programa infantil y una comedia de variedades en Panamá, donde conoció a la que sería su segunda esposa, Gloria Lau Rodríguez.

A comienzos de los 70, la Universidad Texas en Austin lo trajo de vuelta a Estados Unidos para producir Carrascolendas, un programa infantil en español. En 1973 retornó con su familia a Miami, donde se involucró en la televisión comunitaria, a la vez que comenzó a trabajar como actor y libretista en programas de Puerto Rico.

Fue una etapa de intensa laboriosidad y viajes, pues a la vez continuaba produciendo televisión en Panamá y grabando segmentos como invitado en el programa Sábado Gigante, conducido por Don Francisco, y que aún se realizaba en Chile.

En la televisión puertorriqueña y luego en Sábado Gigante, Roblán consiguió altos índices de popularidad con el personaje de Ñañito, un anciano entre pícaro y despistado que se veía involucrado en situaciones insólitas.

En 1980, decidió radicarse definiitivamente en Miami y probar suerte en el teatro local. Su llegada a la ciudad coincidió con el éxodo del Mariel, que trajo a máas de 120 mil cubanos a Estados Unidos. Roblán retomó su caracterización de Fidel Castro, pero ahora desde una perspectiva satítica y bufonesca. Fue así como logró un arrollador éxito en el ya desparecido Teatro Martí de La Pequeña Habana con piezas como No hay mal que dure 100 años y Ni la vaca de Fidel está de acuerdo con él.

Cine y telenovelas

Pero Roblán no restringió su carrera a los espectáculos humorísticos de teatro y televisión. También se desenvolvió con profesionalismo en el mundo de la telenovelas. Fue pionero del género en Panamá, donde grabó, junto a Blanquita Amaro La esquina del infierno, en 1963, y Morelia, un superéxito de la cadena Univisión en 1995.

Su filmografía como actor incluye películas como El tesoro de Morgan (1971), A mí qué me importa que explote Miami (1976), Camaleón: atentado a Castro (1992), Conexion Habana (1994), The Disciples (2000) y Freedom Flight (2005), casi siempre interpretando a Castro.

No abandonó la pintura ni la caricatura, actividades que desarrolló hasta el final de su vida. sus obras figuraron en años recientes en galerías y eventos locales como la feria Cuba Nostalgia.

No perdió tampoco el humor. Roblán ironizaba afirmando que él comenzó imitando a Fidel Castro, pero que luego fue Castro quien terminó imitándolo a él.

Lo sobreviven en Miami su esposa Gloria, sus hijos Orlando, Armando y Priscilla, y cinco nietos.

Habrá un servicio religioso el próximo sábado, a las 11 a.m., en la Iglesia Católica Epiphany, ubicada en el 8235 SW 57 Ave, en Miami. Su familia pide que en lugar de flores se envíen donaciones en su nombre al St. Jude Children’s Hospital.

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