Por primera vez: Desmayarse en La Habana

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Pasaje de Cubana de Aviación con el que Jorge Dalton viajó a Cuba.

Pasaje de Cubana de Aviación con el que Jorge Dalton viajó a Cuba.

Por Jorge Dalton*

A Octavio Cortázar

En uno de los portales en la calle Prado No 564, en La Habana, funcionó durante mucho tiempo el Cine Capitolio, una sala perteneciente a los llamados “Cines de barrio”. Era pequeña, estrecha y con los asientos de palo. A mediados de la década de los 80, los cines en Cuba comenzaron a morir de manera acelerada y uno de los primeros en sucumbir fue el Cine Capitolio.

La única vez que entré, fue en los 70 y exhibían una película polaca de guerra que jamás he olvidado: se titulaba Los Vecinos, era en blanco y negro y “apta para mayores de doce años”, como lo anunciaba un cartelito color beige y de madera de plywood en las taquillas de los cines. Para ese entonces, yo tenía once y ya andaba solo caminando por toda La Habana, siempre y cuando llegara a casa, antes de la siete de la noche. En La Habana, fui un gran caminador,  tal vez más que Johnny Walker.

En ese tiempo, yo me las ingeniaba para colarme en las películas de doce, mediante un carnet escolar falso que argumentaba que tener más edad y para colmo, era estudiante de Polo Acuático de la ESPA, algo casi imposible de creer porque yo era muy chiquitico y revijío.

Eran momentos de descubriendo del sexo y sobre todo en Cuba, donde muchas cosas son muy aceleradas. Era muy común entre los muchachitos comentar: ¡“Oye, están echando tremenda película donde sale una mujer encuera!”, “¿Viste tal película? y salen mujeres en cueras”? ¡Ah no!, si no salen jevas encuera, no sirve!

La cosa es que yo caminé bastante para llegar al Cine Capitolio, para saciar mi curiosidad, bajo un fuerte estrés de que no me dejaran entrar, pero gracias al bendito carnet pude hacerlo, teniendo en cuenta que, la mayoría de las veces, no tenía el menor éxito. 

Confieso que no recuerdo nada de la película, únicamente de los detalles de la escena prohibida y fue la primera vez en mi vida, que vi un desnudo a toda pantalla. Una joven muy bella frente a su amado, se quitaba la blusa lentamente y de pronto,  ¡Pun! salían unos pechos espectaculares. Fue tanta la impresión que me causó, que me desmayé adentro del cine.

Varias personas me cargaron e incluso trataron de llamar a una ambulancia. Cuando vine en sí, dos viejos cascarrabias de la administración del cine me reclamaron fuertemente: ¿Qué coño haces  aquí, muchacho, quién te dejó entrar? ¡Arranca pá tu casa, que esta película no es para niños! Y salí corriendo como Juan que se mata.

Nota del autor: Cuando niño y entrada la adolescencia yo padecí de un raro síndrome en que me desmayaba con frecuencia. La otra ocasión en que me desmaye adentro de  un cine, fue en un viaje a México, cuando vi una película que se llamaba Emanuelle 2.

*Cineasta cubano salvadoreño, hijo del gran poeta salvadoreño Roque Dalton (1935-1975). Creció entre Praga y La Habana, y se afincó finalmente en San Salvador. Esta crónica fue especialmente escrita para CaféFuerte.

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