El cine pierde un visionario: Ha muerto Andrzej Wajda

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Andrzej Wajda (1926-2016)

Por Wilfredo Cancio Isla

Ha muerto el director polaco y universal Andrzej Wajda, un genio del arte cinematográfico. Falleció a los 90 años en Varsovia, víctima de una insuficiencia respiratoria.

El cine, el teatro y la cultura en general pierden un adelantado. Wajda no solo era el cineasta con mayor impronta en nuestra época, un hombre que nos enseñó a mirar y desentrañar los conflictos de la aventura humana en medio de guerras mundiales e imposiciones totalitarias como las que vivió la sociedad polaca, sino que fue un titán de la libertad que inspiró a generaciones de contemporáneos a explorar los límites, a vislumbrar la posibilidad cuando toda esperanza parece perdida.

Para mí Wadja era el cine total. El artista que más influyó en transformar mi modo de ver películas y de descubrir los oscuros pasadizos del sistema socialista. No hubo un cronista más agudo y sagaz, ni un visionario con tanta lucidez y comprometimiento con el cambio social.

Un renacentista a destiempo

Wadja pertenece a una ola de cineastas polacos que marcó un hito en el cine mundial de los años 6o. Un renacentista a destiempo, que no escatimó dibujar la sensibilidad trágica de un país azotado por conmociones históricas y desgarramientos irreconciliables.

Era hijo de un oficial de caballería polaco que fue asesinado a comienzos de la Segunda Guerra Mundial en la masacre de Katyn, tema que al final de su vida el realizador convertiría en una película extraordinaria: Katyn (2007). Wajda combatió en el ejército polaco frente a los nazis siendo un adolescente y luego estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia antes de entrar en la Escuela Nacional de Cine en Łódź.

Comenzó haciendo cine antibélico con títulos como Generación (1955), Canal (1956) y Cenizas y diamantes (1958), una cinta que llamó la atención internacional. En estas primeras realizaciones emergió como figura emblemática de una generación de jóvenes desilusionados el actor Zbigniew Cybulski, fallecido en plenitud de sus capacidades en un accidente ferroviario, en 1967.

La muerte de Cybulski condicionaría la realización de su filme más personal, Todo para vender (1969).

Mentiras del socialismo real

Cuando se repasa una obra tan vasta y estremecedora, con más de 40 filmes de largometraje y documentales, con clásicos de la estatura de Los abedules (1970), Paisaje después de la batalla (1970), La boda (1973),  La tierra prometida (1974), La señoritas de Wilko (1979), El director de orquesta (1980), y las desafiantes El hombre de mármol (1977) y El hombre de hierro (1981), se comprenderá la portentosa contribución de este gigante de nuestro tiempo.

Ver incluso a Wadja incursionando en los sentimientos de adolescentes en películas como  Crónica de amor (1985)  y Panna Nikt (1996), deviene una experiencia reveladora.

Los cubanos fuimos afortunados en poder disfrutar la casi totalidad de su cine en los circuitos comerciales, semanas de cine y programaciones de cinemateca hasta entrados los años 80. Fue un creador de culto, un precursor que desenmascaró en imágenes la mentira del “socialismo real” cuando nadie quería mirar ni escuchar.

En el 2000, Wajda fue galardonado con un Oscar Honorífico por sus numerosas contribuciones al mundo del cine. Un reconocimiento tardío para un artista que había hecho ya historia temprana en la cinematografía del siglo XX.

Lo sobrevive una hija, fruto se su relación con la actriz polaca Beata Tyszkiewicz, su segunda esposa.

Wadja deja una obra monumental y un legado de sensibilidad y sabiduría que marcan una excepcionalidad artística sin equivalentes. Volver sobre su cine será cada vez un ejercicio más necesario para transitar las épocas de incertidumbre, asumir los exabruptos del amor y acariciar el raro fulgor de la sensatez.

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