Fake Secrets y algo más: El retorno infausto de Posada Carriles

Por Miguel Fernández Díaz

Casi al borde de los 90 años, Luis Posada Carriles está de vuelta en los titulares sin haber movido un dedo para merecerlo.

El diario Miami Herald y su hermano El Nuevo Herald acaban de largar el reportaje “Narcotráfico, espionaje y planes terroristas: el expediente secreto de Luis Posada Carriles en la CIA”. Nadie se llame a engaño. Las tres claves informativas que ahora toca el artíçulo vienen sonando hace más de una década, tras desclasificarse el sumario de los cinco tomos que guardaba la CIA sobre Posada, y el propio Jeral reveló su núcleo duro el 7 de octubre de 2006 en la nota informativa de Rui Ferreira “Documentos incriminan a Posada Carriles”.

Ahora los mismos documentos recurvan como parte de la desclasificación masiva de la colección sobre el asesinato de Kennedy, atesorada por la Administración Nacional de Registros y Archivos (NARA), que incluye 40 registros sobre Posada Carriles. Y tal como hizo el 4 de junio de 2015 con Alfonso Chardy en “EE. UU. consideró a Posada Carriles como autor probable de atentado a avión de Cubana”, la reportera Nora Gámez da como sacadas del secreto ciertas informaciones consabidas. De paso sumó imprecisiones que van más allá de referir “Posada, de 90 años,” aunque vino al mundo el 15 de febrero de 1928 y a lo mejor se va sin cumplirlos.

Periodismo de imprecisión

El reportaje principia con que la CIA “utilizó [a Posada] en sus planes para derrocar a Fidel Castro”, pero “consideraba como terrorismo los planes de Posada para derrocar a Castro”. Al reportarse también que Posada participó “en la fallida invasión de Bahía de Cochinos y otros intentos de derrocar a Fidel Castro”, nos quedamos sin saber qué otros planes -además de la invasión- tenía la CIA con Posada y cuáles tenía Posada para que la CIA se animara a tacharlos de terrorismo.

Se añade que “Posada fue utilizado para monitorear los pasos de Orlando Bosch”, pero como el reportaje continúa con que, “después de que la CIA decidió reducir el contacto con Posada”, este pasó “voluntariamente” intel sobre los planes de Bosch de asesinar en Costa Rica al sobrino del malogrado presidente chileno Salvador Allende y volar en Panamá un avión de Cubana de Aviación.

De este modo quedamos de nuevo en penumbras, pues no se aclara si Posada fue utilizado como vigilante de Bosch por la CIA o más bien actuó como chivato por cuenta propia contra Bosch para ver si conseguía visa de entrada a Estados Unidos, como se infiere de un memo de la CIA al FBI, fechado el 9 de diciembre de 1976, sobre siete militantes anticastristas, entre ellos Posada y Bosch, sospechosos de violar la Ley de Neutralidad.

El asesinato de JFK y la bandería castrista

El reportaje agrega que “el expediente revisado de Posada cuenta en detalle toda su historia con la CIA hasta 1976”, pero no puntualiza la cuestión básica relacionada con esta desclasificación: ¿Qué relación tuvo por fin Posada con el asesinato de Kennedy?

La bandería castrista sostiene que Posada habría participado en la conspiración y se buscó hasta un investigador holandés, Wim Dankbaar, para urdir que Posada estaba en Daeley Plaza el 22 de noviembre de 1963 y habría sido incluso uno de los francotiradores. Los documentos recién clasificados confirman que, como era sabido, Posada ingresó en la Escuela de Infantería del Ejército de EE. UU. (Fort Benning, GA) en febrero de 1963 y sirvió como jefe de pelotón de rangers hasta marzo de 1964, sin mínimo indicio de pases u otros modos de eludir la rutina militar para conspirar contra el presidente Kennedy.

Estos documentos adolecen aún de partes censuradas, pero al menos sabemos algo que apareció mutilado en el resumen antedicho: los servicios que prestó Posada a la CIA como alto oficial de la policía secreta venezolana (DIGEPOL, luego DISIP) entre 1967 y 1974.

Informante de la CIA

Nos enteramos de que, tal y como había hecho con respecto a las organizaciones anticastristas Junta Revolucionaria (JURE) y Representación Cubana en el Exilio (RECE), Posada fue informante de la CIA sobre las actividades de la DIGEPOL/DISIP) y asumió el “uso secundario” de informar sobre las actividades de los exiliados cubanos en Venezuela. Lo que no sabemos aún, por estar tachado en el documento, es quien contrató a Posada para eso hacia agosto de 1967 y quien dio por terminado este contrato de servicios en junio de 1974.

El reportaje aborda acríticamente el cable de la CIA sobre una reunión de Bosch, Posada y otros en Santo Domingo que en el resumen indicaba la participación del coronel de la Fuerza Aérea Dominicana Juan Armand Montes y en el documento recién desclasificado refiere que Armand es nada menos que un mayor del ejército estadounidense” [el Herald apunta que “de origen cubano”], quien habría “viajado a ese país para recabar el apoyo de los exiliados en la cruzada contra Castro”.

Así tendríamos a un alto oficial del ejército de Estados Unidos, directamente implicado en planes terroristas de exiliados cubanos contra Castro, algo que exige completo esclarecimiento, pero el Jeral ni siquiera repara en que el cable de la CIA fecha la reunión en noviembre de 1976, cuando ya Posada y Bosch estaban detenidos por la voladura del avión cubano en Barbados.

Empeñarse en inventar la rueda y descubrir el agua tibia con papeles de Posada se aparta no solo de la novedad que debe regir en el periodismo informativo, sino del rigor elemental que exige hacer periodismo.

MG Revista de Marketing

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