Cuba-Arabia Saudita: Los hilos de una relación de conveniencias

Ricardo Cabrisas, vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Economía y Planificación, junto al vicepresidente y director ejecutivo del FSD, Yousef Ibrahim Albassam.

Por Jorge González

Las relaciones entre la monarquía saudita y el régimen cubano continúan en ascenso. En esta ecuación, el gobierno de Raúl Castro se beneficia de créditos blandos ante su escasa solvencia financiera, mientras la casa de Al Saud recibe médicos cubanos y espaldarazo político.

Faisal Muslat Gasab Almandeel, embajador saudita en La Habana, asegura que los vínculos bilaterales se han reforzado mucho desde la apertura de las embajadas en ambos países, según un reporte del semanario oficialista Trabajadores.

Cuba abrió su sede diplomática en Riad en 2007. Cuatro años después, Arabia Saudita estableció la suya en La Habana.

De acuerdo al diplomático árabe, el Reino ha contribuido al desarrollo de la infraestructura cubana a través de créditos otorgados por el Fondo Saudita para el Desarrollo (FSD).

Millones en créditos blandos

La publicación no mencionó el monto ofrecido a Cuba, pero se trata de varios millonarios créditos blandos.

La más reciente de las contribuciones sauditas estuvo valorada en $26.6 millones de dólares, materializado con un acuerdo firmado entre ambas partes el pasado mayo en la sede del FSD. Este dinero sería invertido en el Programa de Rehabilitación y Construcción de Obras Sociales de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

En julio de 2016 ambos países suscribieron otro acuerdo, por un monto de $50 millones de dólares, centrado en la exportación de productos sauditas a la isla. Cinco meses después, el FSD destino otros $122 millones de dólares a cuatro proyectos en Cuba, tres de ellos relacionados con la rehabilitación y saneamiento de redes hidráulicas en las ciudades de La Habana, Camagüey y Cárdenas.

La infraestructura hidráulica en Cuba sufre un gran deterioro en sus redes, razón por la cual se reportan grandes derrames y desagües que afectan el abastecimiento de agua en el sector doméstico.

El cuarto de los acuerdos suscritos en noviembre tuvo como objetivo el suministro de equipamiento tecnológico para hospitales cubanos.

La nación del Golfo Pérsico también paga a Cuba por el envío de médicos altamente especializados. Según las últimas cifras publicadas, se encuentran laborando en ese país unos 220 galenos.

Aunque la presencia de estos profesionales no es masiva como en otros países a los que La Habana exporta sus recursos humanos, sí son altamente cotizados por su grado de especialización en áreas de conocimiento como ginecología, cirugía cerebral y cuidados intensivos.

Dinero para un país endeudado

En medio de la crisis financiera que enfrenta Cuba, agudizada por el declive de Venezuela, su principal socio político y comercial, y su incapacidad de cumplir con los acuerdos establecidos con acreedores internacionales, los créditos sauditas constituyen una tabla de salvación.

El​ ​pasado​ ​julio,​ ​en​ ​una​ ​de​ ​las​ ​improductivas​ ​sesiones​ ​que​ ​el​ ​Parlamento​ ​cubano​,​ ​el​ ​ministro​ ​de​ ​Economía​ ​Ricardo​ ​Cabrisas​ ​reconoció​ ​que​ ​el​ ​país​ ​se​ ​le​ ​dificulta obtener​ ​créditos​ ​comerciales​ ​porque​ ​es​ ​incapaz​ ​de​ ​pagar​ ​en​ ​tiempo​ ​a​ ​sus​ ​proveedores,​ ​los cuales​ ​se​ ​resisten​ ​a​ ​continuar​ ​acumulando​ ​deuda.

Los préstamos sauditas no se supeditan a cuestionamientos políticos. Por supuesto, la familia Al Saud no está en posición de exigir cambios en ninguna nación a cambio de sus millones.

Además, los términos de repago son muy generosos. Aunque no ha trascendido cuánto tiempo tiene Cuba para pagar a los saudíes, los créditos que ofrece el FSD tienen un periodo de repago de hasta 50 años, más un periodo de gracia de 10 años, en dependencia del monto y el país depositario de la inversión.

Cuba es la única nación en América Latina y el Caribe que ha recibido ayuda financiera del FSD desde que esta institución comenzó sus operaciones en 1975.

Una mezquita en La Habana

 Mientras Cuba recibe esta inyección de capital, Arabia Saudita se beneficia en retorno del respaldo político en la arena internacional. La casa de Al Saud sabe que el régimen de La Habana no se entromete en asuntos de derechos humanos, a menos de que suceda en países como Estados Unidos o de Europa.

En este tema Cuba tampoco puede tirar piedras al techo del vecino pues el suyo es de vidrio.

Así la monarquía teocrática puede discriminar a la mujer, decapitar homosexueles, blasfemos y mujeres acusadas de adulterio, o enjuiciar a ateos, disidentes y defensores de derechos humanos en virtud de una ley que clasifica de terrorismo “cualquier acto”, violento o no, que pretende dañar la reputación del país, afectar al orden público o alterar la seguridad de la sociedad.

Cuba no levantara un dedo en organismos internacionales para condenar estas prácticas.

Resulta paradójico que estos dos países se sienten juntos en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas. Ambas se apoyaron mutuamente en el proceso de postulación como miembros de este organismo, cuya misión es fortalecer la promoción y protección de los derechos humanos en todo el mundo.

Asimismo, continúa en marcha el proyecto de construcción de una mezquita en La Habana, financiado por Arabia Saudita.

Silencio en prensa oficial

 Ninguna de las denuncias levantadas contra Arabia Saudita por sus sistemáticas violaciones de derechos humanos aparecen reflejadas en la prensa oficial cubana.

Cada año, el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) se reúne con representantes de la prensa nacional, a quienes actualiza sobre algunas de las proyecciones e intereses del gobierno en materia de diplomacia, y puntualiza los temas internacionales que deben ser reflejados y cómo debe enfocarse ese análisis.

Una línea siempre guia esos encuentros: nunca se debe criticar a los países que tienen buenas relaciones diplomáticas con Cuba. Para ello, el MINREX esgrime el principio de no intervención en asuntos internos que aplican en sus relaciones internacionales.

Ya en una ocasión, ante la presencia de artículos en la prensa que criticaban el rol de Arabia Saudita en la crisis de Siria o el envío de tropas a Bahrein para aplastar las protestas antigubernamentales en ese país vecino, la embajada saudita inquirió a la Cancillería si este tratamiento informativo era política oficial de Cuba.

El MINREX le aseguró a la parte saudita que la opinión de periodistas no era postura de Estado, y posteriormente bajó instrucciones a los medios de cómo debía ser el tratamiento informativo con respecto a la monarquía “amiga de Cuba”.

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