Por qué los cubanos convictos del Mariel merecen amnistía (y los republicanos anticastristas deben apoyarla)

Refugiados del éxodo del Mariel, en 1980.

Por Mark Dow*

Mi vecino del sur de la Florida no quería que la gente supiera en qué año había llegado de Cuba. Esperaba evitar el estigma del éxodo del Mariel de 1980. Pero la policía de Miami Beach lo sabía muy bien, en parte por a su piel oscura y sus tatuajes de la prisión.

Sí, había estado en prisión en las afueras de La Habana, primero como guardia y luego -tras ser capturado dándole comida a un prisionero hambriento- como prisionero él mismo. Nunca cometió un delito en Estados Unidos, pero la Policía de Miami Beach lo acosó implacablemente, como lo hicieron con muchos otros refugiados del Mariel en su vecindario.

A pesar del viraje anunciado la semana pasada para revertir los cambios promovidos por el gobierno de Obama en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, el presidente Donald Trump dejó en vigor las modificaciones implementadas en política migratoria por su predecesor. Un resultado por el que los cubanos del Mariel que viven en Estados Unidos probablemente enfrentarán la deportación hacia el país que dejaron hace casi cuatro décadas. Estas deportaciones se producirán en silencio y es probable que incluso los observadores que simpaticen con otros deportados se sientan incómodos por la dudosa “historia” que han generado los prejuicios anti-Mariel por largo tiempo.

Delito de peligrosidad

Entre los 125,000 cubanos que vinieron aquí en 1980 como parte del éxodo del Mariel, había efectivamente criminales reales. Pero Fidel Castro puso a los cubanos en la cárcel por razones políticas y por cargos falsos. Un “crimen” común entre los que salieron del puerto de Mariel fue el delito de “peligrosidad”. Esta palabra codificada se usó para justificar la encarcelación de personas por ser potencialmente contrarrevolucionarias, o gay o de algún modo “indeseables”. A veces la etiqueta de “peligrosidad” simplemente proporcionaba cobertura para que la policía ejerciera arbitrariamente su autoridad.

En otras palabras, Castro y sus funcionarios se deshicieron de personas que no querían.

Después de la  bienvenida inicial, el gobierno de Estados Unidos siguió el ejemplo, encarcelando a miles de cubanos del Mariel, a menudo durante décadas, cuando no cumplían condenas penales, porque Castro no los aceptaba de regreso.  En su ratonalización por maltratar a estas personas, Estados Unidos -bajo republicanos y demócratas- ha reflejado muy cercanamente la lógica autoritaria del régimen de Castro. Hoy la política de Obama-Trump está lista para continuar siguiendo el ejemplo de Castro.

Desde el principio, la discusión sobre el Mariel ha sido contaminada por las preconcepciones de la aplicación de la ley. Las autoridades contribuyeron a las representaciones racistas de los cubanos del Mariel y luego utilizaron esos retratos para justificar su maltrato a los cubanos.

La caricatura de Scarface

Scarface, la influyente caricatura de Hollywood de 1983 -el ridículo acento de Al Pacino es equivalente al blackface- se abre con títulos que declaran que Castro envió las “heces de sus cárceles” hacia este país. El productor Martin Bregman dijo: “Tenemos una gran ayuda de la oficina del Fiscal Federal de Estados Unidos” en Florida. Tres años más tarde, un ex asesor del senador Alfonse D’Amato, de Nueva York, escribió en The Justice Professional que el comportamiento de los cubanos de Mariel era “tan violento e inusual que Hollywood se inspiró para producir una película titulada Scarface, que mostraba el tremendo comportamiento violento mostrado por estos cubanos”. Los comportamientos “inusuales” citados por la policía incluyen la homosexualidad, la prostitución y la práctica de santería, la religión afrocaribeña común en Cuba. (En 1993, el Tribunal Supremo anuló por una ley de Miami por considerarla discriminatoria de creencias religiosas contra los practicantes de santería; el caso fue citado en febrero por el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito cuando confirmó la suspensión de la orden ejecutiva de Trump respecto a los viajes.

La lógica circular continuó funcionando durante décadas entre “burócratas no elegidos” con “demasiado poder” (tomando las palabras del líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan) para decidir si mantener encarcelados a los cubanos de Mariel. No hubo apelaciones. No había jueces.

Víctimas de injusticia

Aquí hay cuatro ejemplos de los miles de víctimas de estas políticas:

– Un cubano del Mariel fue puesto en libertad condicional tras un intento de robo. También cumplió dos sentencias por un delito menor de posesión de marihuana. Luego el departamento de inmigración lo mantuvo “detenido administrativamente” durante 19 años.

– Un cubano del Mariel fue sentenciado a 90 días por un delito menor de posesión de cocaína. Luego el departamento de inmigración lo detuvo por otros 15 años.

– Un cubano del Mariel cumplió cinco años por intento de asesinato y luego el departamento de inmigración lo detuvo también por otros 15 años. Después de una de sus “revisiones por panel”, los funcionarios de inmigración le negaron la libertad basándose en que no mostraba suficiente remordimiento por su crimen. En una revisión posterior, le negaron la libertad considerando que su expresión de remordimiento era simplemente una “táctica” para ser liberado.

– Una cubana del Mariel cumplió 14 meses en prisión por delitos menores de posesión de drogas y completó en la cárcel un programa de tratamiento antinarcóticos. Entonces el departamento de inmigración la puso en detención indefinida. Denegada su medicación antidepresiva, ella se convirtió en suicida y trató de tragar cuchillas de afeitar. Cuando se presentó para la revisión de su caso, el departamento de inmigración utilizó su intento suicida para justificar su encarcelamiento contuinuado.

En 2005, el Tribunal Supremo de Estados Unidos falló 7-2 en en el caso Clark versus Martínez para limitar la “detención indefinida” de los cubanos del Mariel (y otros “extranjeros inadmisibles”). La opinión mayoritaria fue escrita por Antonin Scalia.

Como resultado del caso de Martínez, muchos marielitos fueron puestos en libertad bajo custodia, pero han permanecido sujetos a deportación o “remoción”.

Un documento infame

Ya en 1984, Cuba y Estados Unidos acordaron la devolución de una lista de 2,746 cubanos del Mariel. Jay Weaver, reportero de The Miami Herald, informó el pasado enero: “2.022 han sido devueltos, de acuerdo con la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas, otros 246 han muerto y 478 están demasiado envejecidos y enfermos para ser devueltos”.

Eso parecería acabar con la “lista”, un documento infame entre  los abogados de inmigración, quienes con frecuencia trataban en vano de descubrir si sus clientes del Mariel formaban parte de ella.

Pero de acuerdo con la declaración conjunta de los dos gobiernos, el pasado enero, “Cuba aceptará que los individuos incluidos en la lista de 2,746 (…) puedan ser reemplazados por otros,  siempre que sean cubanos que se fueron a Estados Unidos a través del Puerto de Mariel en 1980″. (Énfasis añadido),

En otras palabras, los cubanos del Mariel siguen siendo los peones de la diplomacia migratoria y la administración Trump está preparada para castigarlos una vez más.

Han sido víctimas del régimen de Castro y de las sucesivas administraciones estadounidenses. No son candidatos obvios para una amnistía bipartidista, pero después de 37 años aquí, deberían serlo.

* Autor del libro American Gulag: Inside U.S. Immigration Prisons (2004) y columnista del sitio digital The Hill, donde apareció orginalmente publicado este artículo. Traducción: CaféFuerte.

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