The New York Times: Sería perjudicial retornar a un escenario de confrontación con Cuba

Ilustración: NICOLAS ORTEGA

En medio de la indefinición y el silencio de la administración de Donald Trump sobre un eventual cambio de la política hacia Cuba, el diario The New York Times dedicó este lunes un editorial advirtiendo del retroceso que significaría desmontar los pasos dados en la relación bilateral en la época de Obama. CaféFuerte reproduce íntegramente el texto del editorial de la influyente publicación estadounidense, cuya serie de editoriales durante el 2014 adelantaron los acuerdos que Washington y La Habana negociaban por 18 meses.

EMPUJANDO Y TIRANDO DE CUBA

En las últimas semanas, cuando la Casa Blanca ha sido consumida por fuertes debates sobre la salud, los impuestos y el comercio, se ha producido  otro debate más silencioso bajo la superficie. Agencias gubernamentales y legisladores han estado tirando de la actual administración en dos direcciones sobre si continuar el camino trazado por la administración Obama en las relaciones con Cuba.

Un grupo pequeño pero activo de legisladores, incluyendo al senador Marco Rubio, ha presionado a la Casa Blanca para revertir el proceso de normalización que el presidente Barack Obama puso en marcha en el 2014. El gobierno cubano, afirman ellos, se ha vuelto no menos despótico y debe ser presionado a las reformas mediante la aplicación estricta de las sanciones existentes, la amonestación pública y el aislamiento diplomático.

Mientras tanto, una gran coalición favorable al acercamiento, que incluye legisladores de ambos partidos, empresas y jóvenes cubanoamericanos, está pidiendo a la Casa Blanca que consolide la relación sobre la base del compromiso heredado. Al trazar las estrechas áreas de cooperación con La Habana -aunque accediendo a discrepar sobre cuestiones de derechos humanos-, la administración Obama permitió un flujo más libre de personas, bienes e información entre los países.

Entre los frutos de este enfoque se encuentran los acuerdos bilaterales sobre la cooperación en materia de salud, la planificación conjunta para mitigar los derrames de petróleo y la coordinación de los esfuerzos contra el narcotráfico. La Habana también acordó recientemente aceptar algunos cubanos con orden de deportación. Cambios en las regulaciones existentes han hecho más fácil visitar Cuba a la mayoría de los estadounidenses -aunque, en puridad, para el turismo es todavía técnicamente ilegal viajar allí – y permitió intercambios más amplios entre académicos, periodistas y artistas. Google, por su parte, está negociando una serie de acuerdos con Cuba que podrían ampliar significativamente el acceso a internet en la isla, una de las naciones más desconectadas del planeta.

Las observaciones públicas de Donald Trump sobre la política cubana han sido breves e irreflexivas. Poco después de ser elegido, Trump tuiteó: “Si Cuba no está dispuesta a ofrecer un mejor trato para al pueblo cubano, la comunidad cubanomericana y Estados Unidos en su conjunto, pondré fin al acuerdo”.

Eso puso a cubanos y estadounidenses en aviso de que Trump estaba contemplando revertir la flexibilidad de Obama respecto a las sanciones estadounidenses. La Casa Blanca comenzó una evaluación a principios de este año y las agencias, incluyendo los Departamentos de Estado, Hacienda y Comercio, han dado su opinión. No está claro cuándo, o si, el anuncio de una decisión se producirá. Trump podría deshacer muchos cambios regulatorios con el golpe de un bolígrafo. Por ejemplo, podría reforzar las normas sobre el envío de remesas a los cubanos, suspender los vuelos comerciales recientemente restablecidos entre las naciones y detener los cruceros estadounidenses que atracan en La Habana.

Si tomara ese tipo de pasos, Trump haría muy feliz a la pequeña coalición pro embargo en el Capitolio. Pero hacerlo significaría invertir el curso de un cambio de política que es ampliamente popular entre los estadounidenses y casi universalmente apoyado por los cubanos.

También pondría en desventaja a los agricultores y empresas estadounidenses restringiendo su acceso a un mercado que se está abriendo gradualmente al comercio mundial. En el 2016, la Unión Europea abandonó formalmente una política basada en la búsqueda de una transición democrática y logró un acuerdo más amplio con La Habana, el cual incluye la cooperación sobre comercio y desarrollo y un diálogo sobre derechos humanos.

Lo más perjudicial sería que la relación con Cuba retornara a un escenario de confrontación, pues ciertamente sometería a los cubanos a mayor represión y privación. En el pasado, La Habana ha incrementado sus tácticas represivas durante momentos de intensa tensión con Estados Unidos.

En lugar de esperar que el gobierno cubano “ofrezca un mejor trato con el pueblo cubano” -cualquier cosa que eso signifique-, Trump puede continuar facilitando a los estadounidenses viajar a Cuba y hacer negocios con los cubanos. El fortalecimiento de los lazos no garantiza que Cuba pueda reformar su sistema de partido único o revisar su economía planificada de forma centralizada. Pero empoderaría a los cubanos mientras contemplan el futuro que quieren para su país.

Traducción: CaféFuerte

MG Revista de Marketing

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