Noticias que no cuentan: Las 8,736 horas finales de Raúl Castro empacando cajas en Palacio

Raul02-1Por Miguel Fernández Díaz

Mientras indagar y revelar siguen siendo tareas postergadas de nuestro periodismo contemporáneo y el tema de Cuba languidece entre anuncios de boletos baratos en cruceros y vuelos a la isla, la cronología elemental del cuento cubano en los medios de prensa nos ha dado esta semana una verdadera joya: el conteo regresivo para que Raúl Castro termine su mandato al frente del Consejo de Estado y comience a empacar sus bártulos en palacio.

Para no ser injustos y empezar por casa, la primicia del recuento se la agenció El Nuevo Herald, que se anticipó antes que otros replicantes a sumar los meses y los días que quedan para que el castrismo prosiga con Jefe de Estado y Gobierno sin apellido Castro. La cuenta se podía haber comenzado hace cuatro años, como hizo en su sitio digital el Consejo Económico y Comercial Cuba-EEUU, tras anunciar Raúl Castro que abandonaría tal jefatura, o el año que viene, al principiar las elecciones generales.

Pero no, nuestro Herald hispano prefirió hacerlo ahora y no cabe objeción, salvo que todavía refiera que Miguel Díaz-Canel es el “aparente sucesor” en el cargo, como si no lo fuera realmente -por norma constitucional- si Raúl cayera muerto o enfermo hoy mismo.

Despistes

Por norma constitucional significa tan formalmente como ascendió Raúl a esta jefatura por la crisis intestinal de Fidel, pero los reportes de ocasión han reducido las formalidades al trámite de elección por la Asamblea Nacional, al afirmar -según la cita heráldica- que Raúl “Castro fue nombrado formalmente presidente en 2008, aunque estuvo al frente del país desde que una enfermedad fulminante sacó a su hermano Fidel del poder en 2006”.

Quizás este despiste pueda perdonarse en virtud del tecnicismo jurídico implícito, pero hay otro que sí no tiene perdón: “Una Cuba sin un Comandante en Jefe en traje verde olivo y de apellido Castro es algo que muchos cubanos no han vivido”.

Todos los cubanos han vivido ya dos Comandantes en Jefe sin traje verde-olivo, puesto que Fidel y Raúl vistieron de civil en ocasiones y con frecuencia, respectivamente, pero Díaz-Canel viste también de verde-olivo, con grados de teniente coronel, cada vez que se reúne el Consejo de Defensa Nacional, y así mismo vestía al presidir, como Primer Secretario del Partido, los Consejos Provinciales de Defensa en Villa Clara y Holguín, amén de haber prestado servicio militar activo en la defensa antiaérea.

Luego de haber desfigurado a Díaz-Canel el año pasado, la prensa miamense sigue este año con la matraca de que “un presidente como figura decorativa no es una fórmula desconocida”. Resucita a Osvaldo Dorticós -quien fue presidente tan solo como Jefe de Estado mientras que Fidel era Jefe de Gobierno- para compararlo con Díaz-Canel, quien asumiría ambas jefaturas como presidente del Consejo Estado y, por regla constitucional, del Consejo de Ministros (Gobierno).

La comprensión se enturbia más todavía con que Machado Ventura pudiera quedar al frente del Partido Comunista, como si esto viniera al cuento. Salvo emergencia, el VIII Congreso del Partido Comunista será en 2021. Según la preferencia temporal, la cuenta regresiva para saber quiénes serán el primer y segundo secretarios comenzaría en 2020.

Expertos

En el reporte de El Nuevo Herald el profesor de economía política internacional Richard Feinberg (Universidad de California en San Diego) suelta lo siguiente: “Si los cubanos creen que [Castro] y su envejecida cohorte de revolucionarios de los sesenta siguen siendo el verdadero poder detrás del trono, eso asfixiaría y deslegitimaría a la nueva y emergente generación de líderes”.

Feinberg al parecer desconoce que todo cubano con dos dedos de frente sabe que Raúl Castro proseguirá siendo la clave del poder político con Díaz-Canel en la jefatura de Estado y Gobierno, porque la dictadura de partido único tiene su foco de poder en el Buró Político y, por la regla de sustitución que enunció Trotsky hacia 1904, en el Primer Secretario del Partido.

También aparece citado con predicciones nepóticas el disidente Antonio Rodiles: “El heredero a todas luces es Alejandro Castro Espín, en eso no hay duda ninguna. Díaz-Canel cumpliría una función similar a la que cumplió Osvaldo Dorticós”. Para cerrar, Berta Soler, Dama de Blanco, aparece citada en pose de experta: “Díaz-Canel es uno más. Raúl Castro está preparando sus hijos para que sean los que ocupen el poder y no podemos permitir eso”.

La estructura funcional del Partido y el Estado en Cuba no da cabida ni por asomo a semejante heredero, pero habrá que ver. Raúl Castro es más habilidoso y pragmático de lo que pensamos y está más interesado en dejar a sus hijos en el poder oculto o incluso sin poder ostensible, pero, eso sí, con dinero y futuro garantizados, algo que lo desmarca de su hermano líder recién fallecido.

Con tantos palos que nos da la vida bajo el castrismo, es realmente que aún sigamos dándole a esa vida sueños de que el castrismo es nada más que cosa de familia y militares. Lo peor es esas ilusiones son cíclicas a pesar de que el exilio ha vivido de desengaño en desengaño.

Sonseras

Tras las opiniones infundadas vienen en comparsa observaciones como que “Castro aún es quien hace las declaraciones más importantes”. El bobo no ya de Abela, sino de Hatillo, tendría que exclamar: “Es aún el Jefe de Estado y Gobierno, ¿no?”.

Y en esta cuerda sonsa tiene que asomar el equilibrista del plattismo. La suerte de Díaz-Canel dependería del D. J. Trump: si aprieta las clavijas, Raúl decidirá “extender su mandato como presidente o, al menos, conservar indefinidamente su puesto al frente del Partido”.

Vamos a recordar que Raúl Castro, si la biología lo permite, estará al frente del Partido Comunista incluso para las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos, sin importarle un comino cómo se porte D. J. Trump. Y Díaz-Canel no será jamás jefe de Estado y Gobierno por sí mismo, sino por encomienda del Buró Político. Entretanto Castro Espín, quien ni siquiera está en el Comité Central, estará muy ocupado en cuestiones de seguridad nacional y resulta muy improbable que se convierta, por mucho poder que acumule,  “la persona que detrás del telón tienen los controles”.

La catarata del conteo regresivo de Raúl Castro ha seguido durante esta semana en agencias,  noticieros y espacios de debate. Han vuelto a salir sabihondos sobre Cuba que tan solo coinciden en no haber dado jamás una idea que sirviera para enfrentar con éxito el castrismo. Así comienza la nueva telenovela cubana de la cuenta regresiva a falta de otras revelaciones que llevarían tiempo, dedicación y profesionalismo para poner las cosas como son.

Como decíaCurtis Stigers, gotta look this world in the eye.

MG Revista de Marketing

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