Las dos obsesiones de Raúl Castro

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Raúl Castro habla en la Cumbre Extraordinaria del Grupo de los 77 y China, celebrada en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Por Carlos Cabrera Pérez

El gobernante cubano Raúl Castro acaba de reiterar en Bolivia dos de sus obsesiones recurrentes: internet y Venezuela; en el primer caso tiene la batalla perdida de antemano y en el segundo depende de la habilidad y la generosidad de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

Internet es el símbolo más cotidiano de la globalización y quizá una de las señas de identidad del cambio de siglo. La mayoría de los cubanos están deseosos de acceder con total libertad al para ellos todavía novedoso juguete tecnológico, convertido por obra y gracia de la propaganda castrista en “método de guerra no convencional”.

China puede “donar” a las autoridades cubanas su experiencia en capar internet, pero hasta el propio Raúl Castro sabe que rendija que abren los cubanos, rendija que luego es muy complicada de cerrar, porque ante una nueva regulación draconiana surgen nuevos mecanismos, algunos retorcidos, para burlarlos.

De ahí, la intensa letanía castrista con Zunzuneo y otras prácticas informáticas del “enemigo” que -en el fondo- vienen a confirmar que el tardocastrismo no es la revolución popular que muchos soñaron, porque hasta un mensaje de 140 caracteres en Twitter los pone nerviosos y les hace reaccionar duro y mal frente a lógicas manifestaciones humanas.

Desvelos y agresiones

Si la causa revolucionaria es tan justa y goza de tanta legitimación popular, ¿a qué viene tanto desvelo con internet, tantas turbas agresoras contra las Damas de Blanco y demás opositores, y qué ha pasado finalmente con el cable submarino tendido desde Venezuela hasta Santiago de Cuba; ¿se lo comieron los tiburones?

La democracia es ahora la norma en América Latina. Pretender introducir parches en una estructura caduca como es una dictadura militar no consigue mayor efecto que dejar al desnudo las incoherencias de una gerontocracia miedosa al cambio. Ya ni siquiera les queda el consuelo de anteponer los derechos sociales a los derechos políticos,  porque los colegios tendrán solo sesión de mañana, generando un nuevo problema familiar, mientras que la atención sanitaria atraviesa por una etapa de evidente deterioro a causa de la crisis económica, por mucho que insista en negarlo el ministro de Salud Pública, Roberto Morales Ojeda.

La crisis ha golpeado especialmente a las familias de bajos recursos, a los negros y mestizos, y a los enfermos crónicos, incluidos alcohólicos y drogadictos. Crisis económica que no ha podido resolverse ni con la ayuda ¿generosa y desinteresada? del chavismo, ni con las reformas económicas de “actualización” del modelo.

Un modelo que sigue en peligro porque a la más que probable subida del petróleo por los errores consecutivos de Estados Unidos en Irak, primero invasión y luego abandono, Venezuela está extenuada económicamente, en parte por seguir consejos habaneros de comprar votos cautivos a golpe de petrodólares, y por la ya guerra abierta entre Maduro y Diosdado.

En el borde delantero

Por tanto, el mensaje sobre la unidad de los pueblos frente al imperialismo fue una fórmula que se sacó Raúl Castro de la chistera para enviar un mensaje a sus aliados bolivarianos: es mejor permanecer unidos dentro de las discrepancias que ahondar el cisma interno. De ahí el uso del símil militar de que Venezuela es el “borde delantero”.

Nicolás Maduro cortocircuita a Diosdado Cabello en sus maniobras para colocar a sus hombres en el aparato estatal y en la cúpula corrupta del  ejército; mientras, Cabello sabe que el compañero Nicolás se ha convertido en un lastre por sus continuas torpezas y debilidades, entre otras caricias mutuas.

Más claro el agua: si el borde delantero se rompe por la guerra fratricida de la que ya la propaganda se encarga de culpar al imperialismo, la situación para Cuba sería complicadísima, porque los ánimos ya no están para otro eufemístico “período especial en tiempos de paz”. Tiene miga el nombrecito.

Y en paralelo, La Habana anda cabildeando con casi todo el mundo para conseguir que Washington levante el injusto e inútil embargo comercial y financiero que no ha provocado el colapso de la dictadura, pero ha hecho vivir peor a millones de cubanos, víctimas y no siempre culpables de la sinrazón del castrismo.

El único camino que le queda al tardocastrismo es poner en valor el capital humano que creó la revolución -un tesoro muy valioso- y para ello solo necesita que los cubanos sean hombres y mujeres libres. Una vez que triunfe la justicia, la prosperidad es cuestión de trabajar duro y con honradez, y establecer mecanismos de redistribución de la riqueza.

En medio del precipicio

Y ello posibilitaría incluso que se compre petróleo a Angola y a Kazajistán, pero en una transacción comercial normal, con arreglo al mercado y no politizada. Porque José Eduardo dos Santos y Nursultán Nazarbáyev son amigos de Castro, S. A., pero en este mundo nadie regala nada y cuando regala, es que sabe cómo cobrarlo con un beneficio de hasta el 100%.

Sabotear internet y seguir dependiendo de un único proveedor extranjero es reafirmar el desastre socioeconómico y renunciar a la prioritaria independencia de Cuba en un mundo unipolar y desigual. Si hace un año y medio estaban bordeando el precipicio, ahora ya están en el precipicio, aunque algunos prefieran no mirar al hueco y seguir con la algarabía de los 5 u 4, o  los 3 espías presos y la independencia de los pueblos.

¿Raúl Castro y sus acompañantes se habrán preguntado alguna vez qué habría ocurrido en Cuba si en vez de fidelidad incondicional; solo se hubiera exigido a cada cubano ser un trabajador disciplinado y eficaz en el cumplimiento de su jornada laboral?

Triste, muy triste para una ¿revolución? que se pretendió faro y guía del continente y la nación más independiente del mundo, tener que depender para su supervivencia de dos mediocres corruptos como Cabello y Maduro, y vivir con miedo a Twitter, a Internet, y a una buena parte del pueblo cubano.