Las bravatas nucleares de Pyongyang y el silencio cómplice de Cuba

corealideres-displayPor Sergio Valdivieso

El gobierno cubano ha dado una prueba más de su fidelidad ideológica con viejos amigos del totalitarismo socialista y las dinastías nepóticas. Mientras el mundo casi abrumadoramente ha condenado al régimen de Corea del Norte por su quinta y potente prueba nuclear del pasado viernes, La Habana parece comprometida con el silencio cómplice, mientras su prensa oficial se deshace en evasivas y adulonerías con la satrapía de Kim Jong Un.

No es hora de andarse con paños tibios cuando un país que ha desafiado a la comunidad internacional repetidamente, con actitud arrogante y ausencia de seriedad en su política nuclear. Se trata de la mayor prueba nuclear practicada por Pyongyang, con la posibilidad de que los norcoreanos estén listos para montar una ojiva nuclear sobre un misil balístico, lo que abre una nueva amenaza regional, comenzando con sus vecinos de Corea del Sur, y global.

Incluso hasta China, el principal aliando de Corea del Norte en la zona, salió de inmediato al ruedo para condenar un acto a todas luces irresponsable.

Zhang Yesui, vicecanciller chino, le informó al embajador norcoreano en Pekín, Ji Jae Ryong, que la prueba “no es propicia para la paz y la estabilidad de la península coreana”. El reporte del la Cancillería china solicita a Pyongyang ” no tomar más acciones que puedan exacerbar las tensiones y volver lo más pronto posible a la dirección correcta de la desnuclearización”.

Sanciones a la vuelta de la esquina

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se encuentra ya laborando en una resolución, con el espaldarazo de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, para reforzar las sanciones impuestas a Corea del Norte el pasado marzo, al tiempo que se busca un consenso mundial para atajar la escalada nuclear del estrafalario líder Kim Jong Un. Solo Rusia se ha mostrado cautelosa sobre la prueba, cuestionando si un nuevo paquete de restricciones sería efectivo para detener el programa nuclear norcoreano y solucionar la crisis.

Pero Cuba no solo se ha puesto una precinta en la boca respecto a la prueba nuclear, sino que coincidiendo con el revuelo mundial, las páginas del diario oficial Granma acogían un artículo por el 68 aniversario de la constitución de la República Popular De­mo­crática de Corea (RPDC) en el que se prodigaban elogios a la “capacidad militar autodefensiva” de Pyongyang.

Vale la pena reproducir algunos de los párrafos del artículo, titulado “Construir un estado socialista próspero sigue siendo la meta“, pues más que obra de la Redacción Internacional del Granma, parece sacado de un despacho de la agencia KCNA, el bastión de la propaganda y el desvarío informativo norcoreano. Veamos:

Bajo la dirección del Partido de los Tra­ba­ja­dores y su presidente Kim Jong Un, la búsqueda de la prosperidad se ha reorientado a la formación de una potencia económica sustentada en las ciencias y la tecnología de punta. Por otro lado continúan afianzando su ca­pa­cidad militar autodefensiva y mantienen in­variable la bandera del Songun, que prioriza el fortalecimiento de los asuntos militares pa­ra defender la soberanía y dignidad nacionales.

(…) Grandes esfuerzos se rea­lizan por legar a las venideras generaciones un país unido y poder convivir en paz dentro de la península coreana con la convicción de que con estabilidad en la región, más y me­jores metas podrán ser cumplidas.

(…) los dirigentes de la RPDC han dedicado buena parte de su esfuerzo a elevar su prestigio e in­fluencia en el escenario internacional, así co­­mo a ampliar sus relaciones con otros países.

No podía ser más inoportuna esta pieza propagandística en las páginas de un diario que es la tribuna del oficialismo cubano. Desayunarse con semejantes babosadas sobre un país que vive de hambruna en hambruna, confirma el estatismo y el deterioro que siguen marcando la prensa cubana, a pesar de que el vicepresidente Miguel Díaz Canel y otros de los seborucos y teoretas del régimen sigan viendo cambios donde solo hay cacofonía. Una pieza que debió aparecer -si acaso- en un boletín interno del MINREX, se eleva a categoría de artículo editorial en el  periódico vocero del gobierno, comprometiendo la postura de La Habana ante un hecho deleznable.

Mala memoria

El despropósito cubano se produce en vísperas del 71 período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, donde Cuba busca otra condena masiva contra el embargo estadounidense.  El debate general está fijado para el martes 20 de septiembre.

El gobierno cubano tiene además una cuenta perdonada con Naciones Unidas respecto a Corea del Norte, y no debería olvidarse. Cuba violó el embargo de armas a Corea del Norte cuando participó en operaciones encubiertas para cargar el barco Chang Chon Gang que fue interceptado en el Canal de Panamá en 2013. La embarcación norcoreana fue interceptada por autoridades panameñas el 10 de julio de 2013 con un cargamento de 240 toneladas de armas y municiones cubanas, escondidas entre 200 mil sacos de azúcar, y entre los equipos bélicos había dos complejos de misiles antiaéreos Volga y Pechora, nueve cohetes en partes y piezas, dos Mig-21 y 15 motores de avión.

Como se conoce, La Habana dijo entonces que el barco coreano transportaba “armas defensivas obsoletas” que iban a ser “reparadas y devueltas”. Pero el reporte de la ONU aseguró que hubo claras acciones para ocultar el cargamento y tratar de sortear las sanciones impuestas a Corea del Norte.

El pasado julio, el vicepresidente cubano Salvador Valdés Mesa estuvo en Pyongyang como enviado especial de Raúl Castro, al frente de una delegación oficial que ratificó los lazos de solidaridad y fraternidad con la nación asiática.

Tal vez sea hora de que algunos de los países de la comunidad internacional que suelen exaltar a Cuba como un espacio de  de paz y reconciliación, y la Iglesia Catolica y el Papa Francisco, que tampoco se han quedado detrás en este asunto, pues intercedan para pedirle a Raúl Castro lo mínimo: un poco de coherencia ante una peligrosa bravuconada nuclear que amenaza a todos.

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