¿Podría Cuba frenar a su maniático amigo norcoreano?

¿Que hacer con Kim Jong-un para detener su fanatismo bélico?

Por Jorge González

Lidiar con Corea del Norte se ha vuelto un dolor de cabeza para muchos líderes internacionales. Concesiones y mano blanda no detuvieron el programa nuclear del régimen comunista de Pyongyang; las sanciones y las amenazas, por otra parte, han sido la excusa del dictador Kim Jong-un para azuzar su fanatismo bélico.

¿Qué hacer para frenar a un maniático que pone la vida del planeta en vilo con sus pruebas de misiles balísticos intercontinentales?

Nadie parece tener la receta, y a muchos políticos y militares se les desgastan los sesos pensando en el asunto, después que todo (o casi todo) se ha probado.

Ante este escenario, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ha sugerido que Cuba podría contribuir a solucionar este rompecabezas, y por tanto, aboga porque el régimen de Raúl Castro se involucre en el asunto.

De hecho el tema de la mediación de Canadá en la crisis coreana, vía Cuba, pudiera estar sobre la mesa durante la visita que inicia este martes el Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, a Ottawa. Interrogado sobre la posibilidad de que Canadá pueda incluso formar “un canal secundario hacia Corea del Norte a través de Cuba”, un alto funcionario estadounidense dejó la puerta abierta para esa “opción comprensible”.

Un asunto ya hablado con Castro

La idea de Trudeau puede dejar a muchos perplejos, del mismo modo que impactaron sus elogios al dictador Fidel Castro, y su “tristeza” y lamentos por la muerte de quien calificó de “viejo amigo”.

Según Trudeau, en su encuentro con Raúl Castro en noviembre de 2016, cuando el primer ministro realizó una visita oficial a la isla, discutió la amenaza norcoreana con el presidente cubano.

Para el premier canadiense, el hecho de que Cuba tiene “unas relaciones diplomáticas decentes con el régimen de Corea del Norte”, podría abrir la oportunidad de “transmitir mensajes a través de conductos sorprendentes”.

“No hubo mucha discusión al respecto, pero fue un tema de conversación cuando conocí al presidente Raúl Castro el año pasado”, reveló Trudeau.

Sin medios para persuadir a Kim

 Sin embargo, pensar que Cuba podría calmar a su “camarada” norcoreano es, en primer lugar, una percepción un poco exagerada de la influencia que podría tener el régimen cubano sobre Kim Jong-un.

Es cierto que el régimen comunista cubano es uno de los pocos aliados de Pyongyang y que se opone al desarrollo y uso de armas nucleares, pero Cuba no tendría nada que ofrecerle al tirano norcoreano a cambio de una distensión en la región asiática.

La isla caribeña ni siquiera se encuentra entre los primeros 10 socios comerciales de Corea del Norte. La lejanía geográfica entre ambas naciones imposibilita el aumento de un intercambio comercial provechoso mutuo.

Otras naciones, con importante peso en el comercio con Corea del Norte, han suspendido sus relaciones económicas como resultado de la presión internacional para detener el programa nuclear de Pyongyang. India, por ejemplo, tercer socio comercial de Pyongyang, prohibió desde mayo pasado la mayoría de las negociaciones con el régimen norcoreano, salvo las relacionadas con alimentos y medicinas.

Además, ciudadanos norcoreanos ya no podrán ir a India a recibir entrenamientos políticos, militares, policiales, científicos, y técnicos como hacían en el pasado.

Otros socios importantes como Singapur y Filipinas engrosan una larga lista de países renuentes a continuar comerciando con Pyongyang, y diplomáticos norcoreanos han sido expulsados de muchas naciones.

Comer hierba antes que renunciar a la bomba atómica

Ni siquiera China, principal salvavidas de Corea del Norte, que ordenó cerrar la mayoría de las empresas norcoreanas en su territorio y así como los negocios de sociedad con ciudadanos chinos, y que aseguró en algun momento que cumpliriría al cien por ciento las sanciones económicas aprobadas por el Consejo de Seguridad, parece intimidar a Kim Jong-un.

Pero al parecer, Kim sabe que China no pretende llegar al extremo de cortar el envío de petróleo y estrangular a su aliado, más cuando sabe que este se ha convertido en una potencia nuclear.

Además, suponiendo que se diera el escenario de cero o muy ínfimo apoyo a Pyongyang, el dictador norcoreano ha dado señales suficientes de ser un terco enfermizo que no se conmueve con el hecho de que el hambre y la desnutrición que ya sufre el pueblo norcoreano llegue a índices mucho mas escalofriantes. Esa es una de las grandes diferencias entre gobernar una democracia y ser un déspota dictador.

El presidente ruso Vladimir Putin, otro buen soporte del régimen norcoreano, definió a este con una precisión elocuente cuando dijo: “Ellos preferirían comer hierba antes que renunciar a su programa nuclear”. Y no es una mera hipérbole.

Corea no es Colombia

Es muy probable que Trudeau esté pensando en el papel que jugó Cuba en el proceso de negociaciones de paz de Colombia, al ofrecer La Habana como sede de las discusiones de un acuerdo entre el gobierno colombiano y las Fuerzas armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y ser garante internacional del proceso.

Pero no se puede ni siquiera intentar comparar a Kim Jong-un con Juan Manuel Santos, el presidente de una democracia, o siquiera con la FARC, que aunque fue bastante criminal contra la población civil, para nada vinculada al conflicto, puso a un lado su estrechez ideológica en función de llegar a un acuerdo aceptable para ambas partes.

Kim Jong-un no es este caso. Cada ronda de sanción o la posibilidad de una discusión en la ONU al respecto lo atrinchera más en su fanatismo bélico. Y si la comunidad internacional elige no presionarlo, entonces el gobernante se ve con las riendas sueltas para hacer realidad su delirio de potencia atomica.

Cuba en el reflejo de Pyongyang

Entonces, ante la inefectividad de las estrategias para frenarlo, quizás el primer ministro canadiense Trudeau esté considerando que Cuba podría contribuir a que Corea del Norte confíe en la garantía de que Estados Unidos y Corea del Sur no esperan la primera oportunidad de flaqueo para llevar a cabo una agresión militar con el objetivo de destronar a Kim Jong-un, lo cual es visto por la Casa Blanca como un delirio absurdo.

Es cierto que en el caso colombiano, actores involucrados en las negociaciones han asegurado que Cuba contribuyó a construir la confianza entre ambos contrincantes, pero este era un conflicto interno entre el gobierno colombiano y una guerrilla comunista. Y en el caso norcoreano, se trata de un conflicto entre el régimen de Pyongyang, Estados Unidos y Occidente en general.

Sería para Cuba extremadamente difícil en estos momentos, cuando sus relaciones con Estados Unidos están en crisis nuevamente, arrancarle a Donal Trump la promesa de que nada orquesta para remover el régimen de Kim, y propiciar la transición a la democracia que los norcoreanos tanto necesitan.

Y en el hipotético escenario de que el régimen de Castro decidiera dar este paso y lograra el resultado deseado, negaría entonces las razones en las que siempre ha sustentado su propaganda comunista. Durante más de medio siglo, el gobierno de la isla ha culpado a Estados Unidos de todos los problemas que enfrenta la nación caribeña, para salvar su mala gestión, la corrupción gubernamental, el control excesivo del régimen sobre todos los ámbitos y recursos de la nación, y la usurpación de la democracia.

Una propuesta de contención

Un análisis sobre el conflicto entre Corea del Norte y Occidente, publicado recientemente por la revista estadounidense Foreign Policy, plantea que ante el fracaso de todas las opciones empleadas para frenar a Kim, quedaría probar la “postura de seguridad estratégica”, que persuadió a otras naciones como Alemania, Japón y Corea del Sur a abstenerse de la opción de armarse nuclearmente.

De acuerdo con el Alton Frye, el autor del artículo, si Pyongyang defiende su programa nuclear basándose en el temor de que Estados Unidos y Corea del Sur planean una agresión para destruir el régimen de Kim, y por por otra parte, Washington dice que esto es completamente absurdo y explícitamente niegan que este su móvil, entonces “quizás es hora de explorar una iniciativa diferente”.

¿Podría China garantizar la seguridad de Corea del Norte el mismo modo que Estados unidos garantiza la de Corea del Sur?, se pregunta el analista, y agrega que Beijing podría, por ejemplo, desplegar en la nación vecina unos 30,000 soldados, una cifra similar a la de militares estadounidenses estacionados al sur del paralelo 38.

El problema estaría en ver si China querría moverse en esa dirección y si Corea del Norte estaría dispuesta a aceptar la presencia de su vecino en su territorio. La historia ha demostrado que China no tiene intenciones de ocupar a Corea del Norte. Después de su participación en la guerra en los años 50 del siglo pasado, las fuerzas chinas se retiraron.

Pero los norcoreanos, si bien es cierto que le deben mucho a los chinos, al mismo tiempo albergan sentimientos de suspicacia y desconfianza con respecto al gigante asiático.

¿Podria Cuba, junto a China y otros grandes involucrados en el conflicto, contribuir a calmar al obcecado Kim y sentarlo a negociar con responsabilidad y compromiso?

Kim Jong-un ignoró a Fidel Castro

Hace unos años, Fidel Castro lo intentó, sin éxito. En abril de 2013, en una de sus reflexiones publicadas en la prensa oficial cubana, Fidel Castro exhortó a Corea del Norte y a Estados Unidos a evitar una catástrofe nuclear.

El llamado a la contención a un presidente estadounidense no era de extrañarse. La sorpresa entonces fue el hecho de que el ex gobernante cubano le recordó públicamente a Kim Jong-un la responsabilidad del dictador norcoreano en este asunto, y como debía ser consecuente con el apoyo incondicional que le había brindado Cuba.

“Ahora que (Corea del Norte) ha demostrado sus avances tecnicos y cientificos, le recordamos sus deberes con los países que han sido sus grandes amigos, y no sería justo olvidar que tal guerra afectaría de modo especial a más del 70 por ciento de la población del planeta”, escribió Fidel Castro.

Pero a Kim Jong-un le importó poco los consejos de quien había sido el presidente de uno de los mayores países aliados de Norcorea, y de quien en el pasado había expresado admiración por su padre, Kim Jong-il.

Es sabido que Fidel Castro, independientemente del sistema dictatorial que construyó en Cuba, fue considerado por muchos de sus colegas como una personalidad bien versada en temas de política internacional y armado de cierto poder personal para convencer y conseguir apoyo a muchas de sus ideas. Esta no es precisamente una de las habilidades de las que su hermano pueda hacer gala.

Cualquiera sea el plan de Trudeau, no será fácil llevarlo a la práctica teniendo en cuenta la desconfianza de los actores involucrados. Pero si su proyecto lograra satisfacer las objeciones presentadas por Norcorea hasta el momento, sería definitivamente una nueva oportunidad para tantear las verdaderas intenciones de Kim: llegar a un acuerdo que garantice la seguridad de todos, o seguir viviendo su delirio nuclear.

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