Crisis venezolana desata ola de prostitución en ciudades fronterizas de Brasil

La prensa brasileña ha dedicado espacio a resaltar el crecimiento de la prostitución en Boa Vista, en Roraima.  Foto: Folha de Sao Paulo.

Por José Alberto Gutiérrez

En idioma español o con gestos “universales” decenas de prostitutas de origen venezolano buscan, a plena luz del día, atraer clientes en el mercado popular Feria de Passarão de Boa Vista, capital de Roraima. Una escena cada vez más frecuente en ese estado fronterizo que en los últimos seis meses ha registrado una verdadera invasión de venezolanos.

Los venezolanos cruzan a Brasil huyendo del desabastecimiento y en busca de fuentes de sobrevivencia, según revelan varios medios brasileños.

Un reportaje de Folha de São Paulo relata que su equipo de investigación llegó a contar cerca de 150 prostitutas en un recorrido por bares y calles aledañas al mercado. Dos mujeres entrevistadas por el diario dijeron cobrar por servicios sexuales entre 80 y 120 reales (de $25 a $37 dólares), lo equivalente a un salario promedio mensual en Venezuela. Según ellas, su meta principal es ahorrar para traer la familia a Brasil y enviarles dinero para su manutención.

Maye Brandt, alias usado por una ex Miss Venezuela, contó al diario local Folha de Boa Vista que, en Santa Elena, ciudad fronteriza del lado venezolano, el precio cobrado, cuando “bien pago”, no llegaba un año atrás a los 500 bolívares, lo que equivalía a menos de un dólar. En Brasil, sin embargo, Brandt afirma ganar más de $400 dólares por semana. Un dinero que en su mayoría va para mantener a su niño de cuatro años, cuatro hermanos y su madre enferma en Santa Elena.

Brandt se prostituye desde los 18 y desde hace un año radica en Boa Vista.

Alerta en el norte de Brasil

Aunque la prostitución no constituye un delito en Brasil, la situación alarma a las autoridades porque esta actividad fomenta otros flagelos sociales como el tráfico de drogas, los asaltos y el proxenetismo.

“Tenemos que ver lo que hay por detrás de eso”, afirma el delegado de policía federal Alan Robson Alexandrino Ramos.

La alarma es mayor después de confirmarse un caso de explotación sexual de una venezolana en Pacaraima, otra ciudad en el norte de Roraima. La joven resultó víctima de proxenetas que la obligaban a pagar comisiones por el cuarto y la comida que le daban. A pesar de tratarse de sólo un caso, la situación es un caldo de cultivo para otros ante la “vulnerabilidad económica con que estas personas llegan”, explica Ramos.

Pacaraima, una ciudad fronteriza, ubicada a 20 kilómetros de Santa Elena de Uairén en Venezuela, es la puerta de entrada de la prostitución a Brasil.

Es el caso de Alexandra, una joven de 24 años que después de un tiempo en Pacaraima se trasladó a la capital Boa Vista. La muchacha pretende quedarse en Brasil porque “la situación en Venezuela es casa día peor” y, a pesar de la vida ser cara en Brasil, “un encuentro me puede rendir lo que ganaría trabajando un mes entero en mi país”, contó a Folha de São Paulo.

Naica, de 29 años, afirma que, además de poder sostener a su familia, en Brasil tiene la ventaja de que el servicio público de salud les suministra preservativos y atención médica gratis.

Explosión demográfica

Para el alcalde de Pacaraima, Juliano Torquato, el aumento de la prostitución en esa ciudad de apenas 12 mil habitantes es una de las marcas de la llegada de venezolanos a la región.La escalada de violencia es otro de los efectos colaterales de esta avalancha migratoria.

“La población creció mucho y muy rápidamente, lo que ha provocado un aumento de hurtos, atracos, prostitución y tráfico de mujeres… Hasta ahora dos prostíbulos han sido clausurados”, relata el alcalde.

En el estado de Roraima ya se maneja el término de “invasión venezolana”. Datos oficiales del gobierno estatal dan cuenta del arribo de 30 mil venezolanos en los últimos seis meses.

Para un estado con una población de 500 mil habitantes, el flujo migratorio provocado por la “tragedia bolivariana” representa un explosión demográfica del 6 por ciento.

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